Pretty Pepper

Junio 04, 2017 - 06:50 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Me preguntaba un colega por qué el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (Splhcb) es, en general, un álbum tan importante para el rock. La verdad es que no es un álbum importante en general; es un álbum importante en sargento. Los sacrificados sargentos están bien abajo en el escalafón militar, así que conformar una banda alrededor de un sargento (y además tratar de hacerla famosa con el poco castrense agregado de los ‘corazones solitarios’) no parecería el mejor de los caminos.

La idea fue de Paul McCartney, que tenía por aquellos días unos 25 años. Desde entonces, se le han ocurrido 8.976 ideas, con lo que es una especie de Edison de la música. Claro, McCartney no se hizo famoso apoderándose de creaciones ajenas o refunfuñando, como era costumbre del brillante, y a la vez oscuro, ‘mago de Menlo Park’.
McCartney solo quiso, cuando la idea de separarse flotaba en el aire, ofrecerles a sus compañeros de grupo una suerte de válvula de escape: crearían una banda imaginaria y, amparados en esa existencia lúdica, dejarían que los músicos del sargento fueran los que compusieran, tocaran y cantaran.

Con McCartney organizando todo, el proyecto fue un éxito. Hoy en día no vende tanto como Maluma, pero algo debe tener para que, pasados cincuenta años, sigamos hablando de aquellos cuatro, mientras capoteamos a las cuatro babies del célebre reggaetonero disfrazado de músico “urbano”.

Lo del disfraz no es ofensa, sino reconocimiento. Recuérdese que en la portada del Splhcb están los Beatles disfrazados con teatrales trajes militares, así que podemos decir que Maluma perpetúa una tradición que nace en 1967 y desemboca en productos tan refinados como “la primera se desespera, se encojona si se lo echo afuera; la segunda tiene la funda y me paga pa’ que se lo hunda”.

No hay en el Splhcb frases tan creativas, pero sugiero a la ‘malumería’ sacrificar una tarde escuchando el disco, así sea por morbo transgeneracional. El propio Maluma puede disfrutarlo, ojalá en compañía de Pretty, el perro que le regalaron en Argentina.

El animalito nos confirmaría si es un mito lo de la nota de alta frecuencia que cierra el álbum para deleite de los cuadrúpedos. Si Maluma se arruncha con Pretty, y juntos devoran el Splhcb, tendríamos la seguridad de que al menos uno de los dos está gozándose el disco.
Te explico, Pretty: Splhcb es un punto alto en el legado de los Beatles. Porque lo clave de John, Paul, George y Ringo no fue ser heraldos de su generación, ni exprimir alaridos de sus fans, ni dictarle a la muchachada la manera de hablar y vestir, ni decir que eran más populares que Cristo, ni fumar porros. No.

A los Beatles se les debe que los estudios de grabación pasaran de ser oficinas a instrumentos creativos. No tocaban dos guitarras, un bajo y una batería; interpretaban docenas de instrumentos con el apoyo de otros músicos y exploraban caminos sonoros antes inimaginables. Lo hacían gracias a algo sencillo de enunciar, pero difícil de desmenuzar: eran geniales. Y contaron con la guía del maestro George Martin.

Un militar con apellido de condimento, acompañado por músicos enfundados en trajes ridículos, es el responsable de un álbum que luce impecable. Cincuenta años es mucho tiempo. Los que, como el Splhcb, nacimos en ese lejano 1967 sabemos que conservarse en forma después de tantas primaveras es una hazaña. Sobre todo porque la primavera eterna es del 68 y no del 67.
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Ultimátum
. Gustavo Petro no va a la cena de Claudia López, Sergio Fajardo y Jorge Enrique Robledo, ¡y es él quien termina indigestándose!

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