Paz y mano dura

Paz y mano dura

Noviembre 27, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Pésimo (según Uribe), malo o regular (ciudadano corriente), bueno y lo “mejor de lo mejor” (de la Calle) o como quiera que se lo califique, el nuevo acuerdo con las Farc está consumado y debe reconocerse esta irrefutable realidad. Y habrá que aprobarlo de manera expedita en el Congreso. Lo importante, lo que en definitiva debe contar, es su implementación. Esa será la prueba de fuego que nos indicará si acertamos o nos equivocamos y debemos enderezar el camino de manera drástica. Su ejecución, sin dilaciones, nos revelará la buena fe de sus actores, los obstáculos merecedores de pronta enmienda, su permanencia y mejoramiento o, no es menos cierto, su reconstrucción.Si verdaderamente la guerrilla no quiere dar un golpe de mano a las instituciones, si no procura la guerra, si desea que prevalezca la paz y la reorganización eficiente del Estado; si sueña con la desaparición de tanta violencia, tanta corrupción, tanto abuso del gobierno o de los que en el pasado se alzaron en armas… En fin, la ejecución del acuerdo comprobará estos fundamentos del desarrollo integral y del ambiente de tranquilidad que todos ansiamos. Y nos queda el rabo por desollar: el ELN. La propuesta enfática y perentoria del gobierno no puede ser otra que extenderles lo que se ha pactado con las Farc, pues se trata de similar insurgencia, con idéntica conformación social y política de su militancia, de similares anhelos, exigencias y compromisos. Deben ser clarísimos el gobierno y las Farc en tender la mano con similares condiciones, pero planteando fechas que, una vez cumplidas, impliquen el ejercicio de la fuerza del Estado para someter a quienes no dan muestras de concordia.No es dable que a los disidentes de las Farc o a los conmilitones del ELN se les tenga que otorgar nuevas y distintas concesiones, y menos que los primeros protesten o amenacen porque el gobierno pretenda hacer pasar por el aro de la negociación cumplida a los que quieran continuar la lucha armada. El gobierno está en mora de advertirlo: al que no se acomode a la negociación realizada, el sometimiento será, por no quedar otra solución, mediante el ejercicio del poder soberano del pueblo para mantener la república unida, en vía de progreso y en ambiente nacional de tranquilidad.  Como ha concedido todo lo que podía conceder y se le exigió y va a cumplir con rigor, eficacia y sinceridad, asimismo debe contar con universal apoyo para redondear la solución integral adoptada por el país. Fuera los interesados y falaces distingos o las sutiles y enfermizas discrepancias que a la postre indican el imposible de querer simultáneamente la guerra y la paz, el acuerdo y el desacuerdo, la colaboración y la oposición. Se trata de reconstruir el país; no de contribuir a su desmoronamiento.***Ultimátum. Cualquiera puede dedicar el tiempo libre a alimentar sus paranoias. Cada quien es dueño de sus carencias. Lo que no tiene presentación, como denunció KienyKe, es que durante la gestión de Hollman Morris se hayan destinado recursos y tiempo de funcionarios para coleccionar opiniones de todo aquel que se hubiera atrevido a cuestionar al soberbio periodista de grandes agallas políticas. Vergonzoso que suceda en tiempos de la gerencia de Morris, que ha pasado la vida declarándose víctima de seguimientos y monitoreos. Que los organismos de control actúen y nos revelen el tamaño del abuso con dineros que son de todos.Sigue en Twitter @gusgomez1701

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