Pantalones

Noviembre 15, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Facilista y apurada la defensa que algunos sectores han hecho del comportamiento de Belisario Betancur durante el Holocausto del Palacio de Justicia. Faltaba más que no se pudiera respaldar a la Presidencia como institución, lo mismo que al Ejército y a la Policía, pero decepcionante que, en aras de tan caros intereses, se terminen ocultando debajo del tapete las decisiones erróneas de aquellos trágicos días.Que a Betancur le faltaron pantalones durante la toma, es llover sobre mojado. Vale la pena, eso sí, destacar que al cultivado expresidente le faltaron pantalones no solo antes, sino durante y después. La única mano dura que este melifluo amagaseño exhibió frente a la subversión fue al admitir plomo en cantidades industriales dentro del Palacio de Justicia. Lo que no pidió en el campo de batalla como Comandante en Jefe, terminó posibilitándolo en las oficinas de inocentes servidores públicos.Un episodio ilustra el débil temperamento de Betancur: terminada la toma, no tuvo el coraje de reunirse con los magistrados sobrevivientes. Si pasó alguna vez por su cabeza hacerlo, la tragedia de Armero (triste salvavidas mediático) lo eximió de plantarse con gallardía frente a lo que quedó de la Corte.Consta en acta del 12 de noviembre, que en la Casa de la Moneda se reunieron, a las diez de la mañana, por convocatoria del vicepresidente Fernando Uribe Restrepo, los magistrados Luis Enrique Aldana Rozo, José Alejandro Bonivento Fernández, Hernando Baquero Borda, Manuel Enrique Daza Álvarez, Héctor Gómez Uribe, Gustavo Gómez Velásquez, Juan Hernández Sáenz, Humberto Murcia Ballén y Alberto Ospina Botero. No estuvieron, por incapacidad a raíz de la toma, Nemesio Camacho Rodríguez y Hernando Tapias Rocha. Gómez Velásquez propuso elegir dignatarios en propiedad y, de manera unánime, Uribe Restrepo se convirtió en el primer presidente de la nueva Corte, con la vicepresidencia de Aldana Rozo. Baquero Borda, presidente en ese momento por orden alfabético, los juramentó. Y se pusieron a trabajar, con el pacto de caballeros de no doblegarse y de mantener la independencia de la corporación. Los acompañó ese día Carlos Betancur Jaramillo, presidente del Consejo de Estado. Mientras tanto, el otro Betancur flotaba en las nubes, como decepcionante nefelibata. No fue fácil llenar las plazas de los magistrados asesinados, porque muchos de los llamados a tal dignidad declinaron la invitación en razón de ocupaciones o temor. Anécdota de esos primeros días: los juristas tuvieron que llevar de sus casas papel y otros elementos de oficina. Hasta en los mínimos detalles sintieron la insolidaridad del gobierno Betancur. La Justicia sobrevivió; Betancur no ha logrado sobreaguar. Morirá con el agua al cuello, rumiando su vergüenza. Ultimátum I: Muy en sincronía con la democratización de medios que reclama la guerrilla, Clara López arremete contra el periodismo. Valdría la pena que la izquierda se mirara el ombligo y abordara la grotesca administración que la Bogotá Humana le ha dado al Canal Capital, víctima, en materia de manejos políticos, de todo lo que asquea a Clara. Por no hablar de un, ahí sí, cochino panorama tras bambalinas, en el que se maltrata a los periodistas y empleados, se los sindica de ser “infiltrados” y se amenaza a quienes disienten de la línea petrista. Ultimátum II: ¿Perdió por ser mujer, de izquierda y por un complot mediático? Clara: la calentura no está en las sábanas. ¡Y ni se le ocurra vender el sofá que usted compartía con Samuel Moreno!

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