Pantallazos

Pantallazos

Mayo 08, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

La teoría de que una televisión como la nuestra (escasa de pauta y acosada por sistemas de suscripción con oferta extranjera) no aguanta un tercer canal, tiene sus bemoles. Tanto así que el Estado debería ofrecer no uno, sino dos o tres más. Si los inversionistas tienen capital y arrestos para medírsele a estos proyectos, sumar ingresos al erario y generar empleo, ¡adelante! Cuando los particulares están dispuestos, lo que hay que hacer es abrirles la puerta y dejar que las reglas del libre mercado definan el futuro de su apuesta. A este país le faltan canales, periódicos, emisoras y, en general, medios generadores de prosperidad y asiento de diversidad de opiniones. Por otra parte, es comprensible que quien hace tortas no quiera más panaderos en el barrio. El asunto, sin embargo, no se resuelve atravesándosele al que llega, sino horneando mejores tortas. Si las tortas son buenas, uno no tiene por qué ir a comprarlas en otra parte.***Recuperó la libertad Fabián Vargas, el joven desempleado que apuntó a los policías en el Día del Trabajo. No es un desadaptado. Todo lo contrario: es una persona perfectamente adaptada a la nueva Colombia, donde la autoridad no existe y la autonomía de la voluntad privada, más que robustecerse, se ha hinchado: si un profesor exige buen comportamiento a un alumno, lo apuñalan a la salida del colegio; si un empleado reclama a quien usa sin pagar un sistema masivo de transporte, lo empujan y le hacen video de celular convenientemente editado para crucificarlo. Se fue Fabián para su casa. Qué bueno. Nadie quiere que le den largos años de cárcel, de los que, con nuestro sistema penitenciario, saldría, ahí sí, convertido en antisocial. Pero apuntar a servidores públicos y ni tan siquiera recibir como sanción unos meses de trabajo social, es un mensaje fatal: irrespetar a la autoridad es un derecho que reconocen nuestros jueces (¿no eran ellos también autoridad?).***Reclaman docenas de enardecidos petristas que se condene la posibilidad de venta de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB), de la misma manera en que se hizo cuando se anunció a nivel nacional la venta de Isagén. Privatizar o no privatizar tiene que dejar de ser una bandera ideológica. La derecha debe salir de la caverna, se ha dicho siempre, pero en estos menesteres económicos vale la pena que lo haga también la izquierda. A la disyuntiva de si privatizar o estatizar, contundente respuesta dio la columnista Cristina de la Torre: “Ni lo uno ni lo otro, cuando el dilema se abre como dogma universal e inapelable”. En el caso de la ETB, resulta tan peligroso no vender como vender, si las razones son de politiquería. ¿Enajenar empresas tecnológicamente rezagadas y lograr con ello recursos para infraestructura? ¿Conservarlas, inyectarles capital, modernizarlas y hacerlas más rentables? Ambos caminos funcionan cuando se planifica y se tiene visión. El único que siempre conduce al bosque oscuro es el del populismo barato. Entre otras, porque lo barato sale caro.***Ultimátum: Se deslíen las calumnias que acabaron la carrera del general Luis Eduardo Martínez, pero no la obsesión de perseguirlo. Fue azote de delincuentes de variados pelambres y sobrevivió a la ira de todos, pero terminó apuñalado a traición por quienes convencieron al gobierno de que era un general ‘uribista’. Uribista, no: policía. Es todo lo que fue y será siempre.Sigue en Twitter @gusgomez1701

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