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Junio 19, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

No parece muy coherente que, mientras el presidente dice que tiene información sobre actos de guerra urbana que las Farc adelantarían ante un fracaso del proceso de paz, el ministro Villegas asegure que es algo obvio, ¡pero que no existe tal amenaza! No es descabellado que algunos hayan interpretado esas palabras como una presión para votar el plebiscito.No tiene ninguna presentación que los congresistas que llegan tarde a las sesiones de las comisiones, y no votan los proyectos, conviertan el incumplimiento en furia: menos garras y más trabajo. No se les ocurra invitar a Claudia López y a Viviane Morales a Hora 20 el mismo día.No entiende nadie cuáles son las valoraciones que hizo la sala penal del Tribunal Superior de Bogotá para premiar a Emilio Tapias, uno de los saqueadores de los dineros públicos de Bogotá, con una generosa rebaja en su condena. No dudamos que Tapias ‘cantó’, pero, ¡resultó su ‘canto’ más valioso que el de Pavarotti!No sorprende que el sacerdote Darío Echeverri diga que la poca claridad que tiene el público sobre el contenido de las negociaciones de paz es culpa de los medios. No dude, padre, que la gente recibe de los periodistas una información que hereda la pobreza de lo que se ha explicado oficialmente sobre lo acordado. No se crea, más bien, que es la Iglesia la que tiene monopolio de la claridad sobre el proceso.No existe precedente en la historia del cómic sobre la imposibilidad de que el Batimóvil corriera veloz por dónde se le diera la gana a su conductor. No tuvo Batman que presentarse en el Puente de Rumichaca y todo se solucionó de manera tan feliz, que hasta el director de la Dian saludo al Batimóvil (tras autorizar su paso por las amplias y pavimentadas autopistas de Locombia).No duermen tranquilos los floricultores que crearon empresas en paraísos fiscales para atesorar capitales mientras recibían beneficios en Colombia, se quejaban del mal momento de las exportaciones o del dólar y despedían trabajadores. No son todos, pero son varios y comparten apellidos.No es sensato que, ante las fotos que rotaron en redes sobre la salida de empleados de un depósito del restaurante Rausch Energía Gastronómica, se haya generado una oleada de críticas que desembocó en antisemitismo. No están exentos los hermanos Rausch de dar explicaciones sobre el manejo de sus políticas laborales, pero fue de quinta categoría hacer referencias inicuas a sus respetables creencias religiosas.Una ráfaga de saberes negativos: no se sabe quién sigue trayendo ilegales cubanos a Turbo, no se sabe cómo tenían los ladrones un ‘apartamento’ montado en la estructura de un puente en Bogotá, no se sabe por qué las autoridades recién descubren que en los sanandresitos venden licor ilegal, no se sabe qué se les pasa por la cabeza a los parlamentarios de la U que le ofrecieron la presidencia al embajador Pinzón, no se sabe cuánto durará la tranquilidad en Cauca, no se sabe la naturaleza de las fuerzas que mantienen al cuestionado Felice Grimoldi frente a Comfenalco Valle y no se sabe de dónde provienen las numerosas amenazas que reciben a diario en las redes sociales (¿asociales?) los miembros del Centro Democrático.***Ultimátum. El sí de esta columna: si pueden, cómprense ‘Recordar es morir’, el interesante libro del periodista Daniel Coronell del que dice Daniel Samper Pizano en el prólogo que “es una gran colonoscopia de la política colombiana”.Sigue en Twitter @gusgomez1701

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