Miscelánea

Noviembre 22, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Levanta usted una piedra y aparece un contrato de Natalia Springer. El último (que no es nuevo, porque lo había revelado El Espectador), se conoció con asombroso detalle a través de la versión en internet de Semana. Recién posesionado Luis Felipe Henao, el ministerio de Vivienda a través de la Fiduciaria Bogotá la favorecía con un contrato de más de mil trescientos millones de pesos. Los términos de referencia se hicieron a la medida de Springer von Schwarzenberg Consulting Services, firma de la que, en materia de vivienda, solo puede decirse que está armada sobre cimientos algorítmicos. El episodio sirve para reformular una invitación que hace meses se hizo en esta columna a las entidades que manejan recursos de los contribuyentes: cuéntenle al país qué otros goles nos ha metido Springer, diestra en la disciplina de nado sincronizado entre dineros públicos. ***La senadora Viviane Morales, sensata y cumplidora de sus deberes legislativos (a pesar de posturas religiosas que no siempre encajan con el moderno estado laico), se le plantó firme al general Alberto José Mejía, comandante del Ejército. Ella defiende las objeciones de conciencia para no prestar el servicio militar; él, también con razón, reclama soldados para las tareas del posconflicto. Morales le recordó a Mejía un problema que nadie ha tenido pantalones para resolver: la verdadera discriminación es de billetera, pues la mayoría de reclutas no pasan del estrato tres. Los pudientes no lo prestan. Mueven influencias y dineros, y engrasan una maquinaria de corrupción que llena los bolsillos de uniformados de todos los pelambres, incluidos algunos de los médicos que hacen los exámenes a los bachilleres. Al que logre barrer las mafias del proceso de reclutamiento, que le encarguen luego desmontar la vagabundería de los cupos que deben pagar los taxistas a cambio de aire.***El título de una entrevista que Juan Manuel Santos le concedió al periodista Stephen Sackur, del programa Hard Talk de la BBC, sugería que el presidente optaría por renunciar si en las urnas los colombianos no aprobábamos lo acordado en Cuba. De Sackur hay que decir tres cosas: una, que es astuto y ágil en sus entrevistas; dos, que el concepto de que Santos dimitiría en el escenario de un revés en comicios brotó de su boca y no de la del presidente y, tres, que no tiene ni idea de cómo funciona Colombia: no soltamos el poder, nos aferramos a él de manera tan consistente que “aquí estoy y aquí me quedo” fue alguna vez frase impudorosa y hoy es informal ley.***Subversivo, más allá del lenguaje de la guerra intestina, es quien trastorna o altera algo, especialmente el orden establecido. Enrique Peñalosa subvierte, como había anunciado en campaña, los planes del metro bogotano que soñó Gustavo Petro. Un repaso al proyecto Petro revela que el exaltado alcalde de Bogotá no ha cumplido los requisitos que le solicitó el gobierno (v.g. crear una empresa que gerencie el metro), ha reducido constantemente la meta de kilómetros construidos y, a punto de dejar la alcaldía, olvidó los prepliegos en algún balcón. Peñalosa subvierte y Petro también: convoca a movimientos sociales (¿marchas?) para presionar la sobrevivencia de su modelo de metro. Entre la subversión de Petro y la de Peñalosa, quedó claro en las urnas cuál es el tipo de subversivo que prefieren los bogotanos en Palacio Liévano.***Ultimátum: Que los colombianos le pidamos al presidente un “buen gobierno” no le otorga a su hijo el derecho de pedir la cabeza de un periodista.

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