Miedo

Noviembre 30, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

La guerrilla tiene miedo. Y mucho. Pero no de la acción de nuestras Fuerzas Armadas. Tiene miedo de nosotros. De usted y de mí, y de todos los colombianos que ha amenazado durante décadas. Cambiar radicalmente de estilo de vida y de oficio produce pavor, sobre todo —como en el caso de los líderes guerrilleros— cuando uno pasa de los cincuenta. Miedo a dejar de matar, secuestrar, robar, narcotraficar y extorsionar. Es lo que la guerrilla, amarrada a unas ideas trasnochadas y a un fusil, sabe hacer mejor que nadie. Debe ser aterrador, como sueñan los miembros del secretariado, entrar al Congreso sin ametralladoras y hacer parte de una bancada (con aire de frente) en la que hay que encarar las diferencias con argumentos. Estarán rodeados por todas partes de personas que harán el enorme esfuerzo de no verlos como delincuentes. Miedo a moverse por las ciudades a la espera de un atentado sorpresivo, como los que por tantos años ellos ordenaron y ejecutaron. Con la incertidumbre constante de que en cada esquina podría haber un carro con explosivos o una docena de hombres armados hasta los dientes. Miedo a saber que recorrerán las calles temiendo que la mano negra que se mueve debajo de nuestra realidad les pase la cuenta de cobro. Miedo a que la comunidad internacional sea respetuosa del proceso de paz colombiano, pero no invidente. Todo miembro del secretariado tiene un prontuario generoso en el exterior. Y no hay presidente que pueda garantizarles impunidad frente a los asesinatos de ciudadanos extranjeros o a los episodios de narcotráfico en otras latitudes. Los tranquiliza la idea de una Asamblea Nacional Constituyente de la que surja una carta que borre de un plumazo todo y desconozca los compromisos internacionales derivados de la que hoy nos rige. Una Constituyente que puedan manipular para hacerse un lavado de responsabilidades, en el fondo, les brinda algo de paz y les quita la tembladera.Miedo a que el ELN se abstenga de firmar y prefiera seguir en la guerra, y que los incluya en su lista de traidores de la causa. Y, de paso, miedo del secretariado y los negociadores a que muchos cabecillas regionales no le marchen a la paz y decidan convertirse en administradores independientes de sus negocios ilegales. Miedo a entregar las armas y verse desnudos frente a los demás, porque un guerrillero sin arma es como un pájaro sin alas. Pánico a que algo de justicia se les aplique y que no consigan alcanzar el estado ideal: ni un día privados de la libertad. Temen, porque saben bien que una paz con impunidad absoluta es una paz endeble, y que serán objeto de penas (suspendidas) que se harían efectivas si no cumplen. Legalmente, más allá de las condenas en libertad condicional, los indultos o de los eventuales mecanismos de sustitución de penas, lo cierto es que bien difícil será que los responsables de delitos de lesa humanidad se paseen de arriba abajo en abierta actitud de impunidad. La paz tiene un costo, y la guerrilla no puede pasar de agache cuando nos toque pagar a todos la cuenta.La guerrilla tiene esos y muchos otros miedos. Magnífico. Y justo. Cero de equilibrio social y equidad venía teniendo esta situación en la que las personas de bien monopolizábamos el miedo. Bienvenidos al miedo, señores de la guerrilla. Aquí les tenemos asientos de primera fila.Ultimátum: el presidente Santos defendió la reforma tributaria… ¡en el Banquete del Millón! @gusgomez1701

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