Miedo

Miedo

Marzo 25, 2018 - 06:45 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

En época de campaña electoral todos tenemos miedo. Corrijo: todos tenemos algún miedo. A veces, el mismo. Un miedo compartido, por ejemplo, es el de la locura de una asamblea constituyente, promovida y prometida para recomponer un país que puede descuadernarse más.

Los congresistas recién elegidos temen la asamblea de un Gustavo Petro presidente, que aprovecharía la euforia reconstructiva para mandarlos a casa. Los uribistas temen a esa misma asamblea, porque de allí podría salir un país con inaceptables reglas de juego. Y los antiuribistas temen a una asamblea promovida por el presidente Iván Duque, con la supuesta idea de revivir la posibilidad de que Álvaro Uribe vuelva a Palacio de Nariño.

Los que niegan la posibilidad de una Colombia castrochavista y madurozolana, temen a Uribe. Quienes aseguran que Duque es el eficiente títere de Uribe, temen que lo logrado (bueno o malo) en el proceso de paz se venga abajo. Aquellos que se alojan cómodamente en la posibilidad de un candidato de centro, temen asumir una posición política definida.

La nutrida tropilla de políticos que se presentan como cruzados de la decencia, la moral, la rectitud y la humanidad, temen que tales escudos verbales se queden cortos para esconder sus propios pecados. Temen que los metan en el mismo saco de los marrulleros, como si en sus propias toldas no se hicieran acuerdos fétidos y transacciones oscuras.

Santos teme a una presidencia de Duqueribe y puede que ese miedo a su vez le haga perder el temor a un gobierno de Petro. Vargas Lleras teme, como Fajardo, que esta sea su última oportunidad de hacerse con el poder. De la Calle teme que se haya metido en un berenjenal del que saldrá magullado y untado de barro. Duque teme que la luna de miel con Uribe se deslice al averno. Y hablando de escenarios religiosos, Viviane Morales tiene, al menos, temor de Dios.

Piedad Córdoba exhibe otros miedos. Hace exactamente un año dijo: “Nos han gobernado con miedo por décadas; nunca queda el mejor candidato, sino el que va a evitar que un desastre suceda, y así, con engaños, los mismos siguen manejando el país”.

Los candidatos que comienzan a sumarse a las campañas de otros temen quedarse sin su trozo de María Luisa (traducción: sin su tajada de torta con mermelada). Y temen, de todas maneras, pasar de ser opciones de poder con ideas propias, a llantas de repuesto y edecanes de postín.

Aventuremos sus miedos. Pinzón, miedo a que Vargas Lleras se salga de casillas. Duque, miedo a que Martha Lucía no entienda que los vicepresidentes no son presidentes. Robledo, miedo a no poder trabajar en equipo con Petro. Una López, a que Fajardo no arranque y, la otra, a que De la Calle se quede en la calle.

Todos los colombianos, jóvenes o viejos, tenemos miedo. El miedo es la gran herramienta del poder y del manejo de masas. Lo que hay en un nombre, como diría Pangloss: Temer es incluso el apellido de un presidente.

***

Ultimátum.
Hace un mes, en entrevista con Caracol Radio, Henry Castellanos Garzón (‘Romaña’) reveló que Enrique Márquez Díaz había muerto en cautiverio. Fue un duro golpe para la familia, especialmente para Amalia e Ismael, sus padres, y Fernando, su hermano. Llevaban dos décadas rogando en emisoras, canales, esquinas y plazas que les devolvieran a Kike Kike. Las Farc deben cumplir su promesa de revelar en qué circunstancias murió y dónde están sus restos. Si es que tienen restos de decencia.

Sigue en Twitter @gusgomez1701

VER COMENTARIOS
Columnistas