Mendieta

Octubre 05, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Estuvo en Cuba, cara a cara con sus secuestradores, el general Luis Mendieta. Durante 11 años, 7 meses y 13 días lo privaron de la libertad. Uno de esos días le dijeron que su hijo había muerto en un accidente. Lo mantuvieron varios meses en la incertidumbre y de ella solo salió cuando, tras el rescate, abrazó a José Luis. No pudo reconocerlo: la última imagen que tenía del muchacho era la de una foto de ocho años atrás. Pero las Farc no lo reconocen como víctima.Por sesenta horas Mendieta soportó en Mitú plomo, pipetas y rockets que mil guerrilleros descargaron sobre él y sus hombres. El infierno comenzó el primero de noviembre de 1998, costó la vida de 150 personas y lo convirtió en secuestrado. Pero las Farc no lo reconocen como víctima.En parejas, encadenaban a Mendieta y los otros policías a un palo por turnos de 24 horas. Cuando no había árboles a la mano, los enjaulaban de manera tal que cualquier retrato de la indignante condición bien podría haberse confundido con un registro gráfico de Bergen-Belsen. Pero las Farc no lo reconocen como víctima.A unos metros de las jaulas, los guerrilleros mantenían una marranera. “Nos daban cinco o máximo diez minutos de agua para todas nuestras necesidades”, le contó Mendieta a Paola Villamarín, de El Tiempo. “A los marranos, una hora o una hora y media del líquido”. Pero las Farc no lo reconocen como víctima.Huyendo de las tropas, la guerrilla mantuvo a Mendieta y a sus compañeros marchando durante tres meses, día a día, desde antes de que saliera el sol hasta bien entrada la tarde. Las jornadas pasaron dolorosa cuenta de cobro a sus piernas, que comenzaron a inflamarse. Como no podía caminar, se arrastraba entre el barro para hacer sus necesidades. En la cabeza, siempre una idea: secuestrado que no camina, muere. Pero las Farc no lo reconocen como víctima.El descanso para los obligados invitados a esta marcha era tenderlos en la maleza. Allí, en medio de la humedad y los insectos, Mendieta trataba, hacía esfuerzos para no dejarse amilanar por el penetrante olor a humedad que aún hoy vive instalado en algún rincón de su cabeza. Aires de moho, tufo de la selva, como le contó a Cromos: “Duró allí, contra su voluntad”, anotaba el periodista Jairo Dueñas, “el tiempo equivalente a dos carreras universitarias, con sus respectivos posgrados”. Pero las Farc no lo reconocen como víctima.Su tesoro: cualquier cabito de vela que recibía de los guerrilleros y le permitía cierta luz en medio de la oscuridad para determinar a qué clase de animal pertenecían los sonidos intranquilizadores que la selva sabe regalar a los extraños. Las culebras eran cosa de todos los días y había que matarlas antes de que ellas tuvieran la misma idea. Pero las Farc no lo reconocen como víctima.Mendieta siempre pensó que todos los días eran el último, que lo iban a asesinar. Casi completó doce años de humillación y maltrato, sin ver crecer a sus hijos ni besar a su esposa; años de martirio, dolores y presión psicológica. Pero las Farc no lo reconocen como víctima. Tiempos aquellos en que los canallas tenían suficientes pantalones para, por lo menos, responder por sus actos. “Creeré en el proceso de paz cuando se comience con hechos verdaderos. Hasta el momento… se queda en buenas intenciones”, dijo Mendieta después de reunirse con la mesa de diálogo.Ultimátum: Gran tarea haría la Canciller si logra convencer a Maduro de que ordene a la Guardia Nacional Bolivariana tratarnos a todos los colombianos como tratan allá a ‘Timochenko’.@gusgomez1701

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