Lustro sin brillo

Lustro sin brillo

Agosto 09, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

El jueves habló el presidente Santos. Dijo poco. Es una gran ironía de la política que quienes creen que tienen mucho que contar terminan no diciendo nada. Y si uno sabe cómo se hacen estos discursos, entiende mejor la razón de tantos cañonazos verbales de salva. A los ministerios, a las consejerías y a las entidades públicas se les piden párrafos triunfalistas, repletos de datos asombrosos y logros sobredimensionados. Las piezas van llegando al computador de un gurú de las comunicaciones, que funge de Víctor Frankenstein, y cuidadosamente cose los trozos para armar el monstruo. Se revisa una y otra vez a la ‘criatura’, con la consigna de que es mejor transitar el seguro trecho del lugar común que arriesgarse a plantear cosas con sustancia. Los discursos de repaso de gestión suelen ser una colección de babas. Esta vez, como novedad, en los despachos del Gobierno no tuvieron que correr tanto para redactar sus cuartillas. Como el discurso estuvo precedido por una seguidilla de rendiciones de cuentas ministeriales, ya el material estaba compilado, organizado y listo para sumarse a la colcha. Y como toda criatura frankensteiniana, esta camina, respira y balbucea, pero las costuras se notan. No hay zurcido invisible para estos ejercicios de política liviana. Decía Salud Hernández-Mora que, luego de oírlo, no supo cómo titularlo para las notas que manda a su periódico en España. Es que en periodismo, si algo no se puede titular, entonces es porque o no es noticia o es noticia trasnochada (que equivale a no ser noticia, porque las noticias viejas no son noticias, de la misma manera en que no hay personas vírgenes después del sexo).El Presidente llega a su quinto año de gestión y sabemos que metió todos los huevos en una sola canasta, la de la paz. Paz que ni siquiera firmándose dejará satisfecho a un país repleto de dudas. Precisamente con la idea de que no pensemos eso, Santos dedicó durante esos minutos de televisión y radio apenas un instante para hablar de la paz. Eligió ametrallarnos con resultados, porcentajes, números y cifras. A pesar del discreto volumen de su voz, el Presidente estaba gritando: ¡mi gobierno es mucho más que un escuálido proceso de paz!La paz ha sido muy efectiva como herramienta electoral, porque así como a Santos I lo eligieron los uribistas, a Santos II lo ungieron quienes pensaron que Juan Manuel era el llamado a devolvernos la tranquilidad. Traducción: el jueves nos habló otro de los muchos políticos que en este país ha llevado la guerrilla a la Presidencia. Como el anterior. Y el que estuvo antes del anterior. Aunque en este caso, como en la certera caricatura de Osuna, los dos últimos presidentes se han asomado al retrovisor para culpar a su antecesor y han terminado viéndose la propia cara en primerísimo primer plano.Propongo un ejercicio: saque usted papel y lápiz y anote las tres cosas claves del discurso del jueves. Le ayudo: algo de la crisis de la justicia, de la lucha contra la corrupción, de los alivios tributarios, del respiro para los pensionados, de nuestros autocráticos vecinos, de la solución a la crisis de la salud… Anímese. Tres cosas contundentes, tres anuncios definitivos y verificables. ¿Se le quedó la hoja en blanco? No se afane. Tal vez esa era la idea.Ultimátum: “La alocución presidencial me tranquilizó mucho. Esto va viento en popa. Y yo pensando que teníamos un jurgo de problemas”, triné al final del discurso. Nadie me creyó. Me está pasando lo mismo que al Presidente.

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