Ladinos

Ladinos

Agosto 02, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Vargas Lleras se pasea por las emisoras eludiendo preguntas sobre los avales de su partido y presentándose como un enumerador de obras. Clara pela los dientes en todo escenario donde se le pregunte por su participación en la administración de los Nule, la defensa que les hizo, la firmatón de contratos que protagonizó cuando fue alcaldesa ‘encartada’ o las andanzas de su marido. Dilian Francisca alienta una horda de tuiteros que diariamente, y de manera aparentemente ‘desinteresada’, se permiten anunciar que apareció otro testigo que la favorece en el escenario judicial. Las ambiciones de los Aguilar apenas si caben en un departamento. Iván Cepeda no logra sintonizarse con el sabor amargo que nos dejan las cinco décadas que lleva la guerrilla sembrando el terror; como las abejas, solo ve algunos colores del espectro. Ordóñez es la política. Uribe, por llevarle la contraria al Gobierno, le está ayudando a Santos a que la capital sea patrimonio perpetuo de la izquierda. Piedad funge como fogosa vocera de la paz, de la paz desde la perspectiva de personas al margen de la ley. Roy Barreras es el más exitoso camaleón que nos ha regalado la evolución del manzanillismo criollo. Alonso se ahoga en Twitter. Benedetti goza haciéndole creer a la gente que es una especie de Pimentel, de Pecoso Castro de la política. Robledo es un hombre de asombrosa capacidad intelectual y brillante desempeño parlamentario al que nada le gusta. Deluque, sonriente presidente de la Cámara, sí que conoce los líos alimentarios de los niños de la Guajira (¡y cree que Diomedes es el colombiano del siglo!). Petro se prepara para ser el presidente del posconflicto y de sus nuevas ciudadanías. Barguil se jubiló en su exitosa justa contra los abusos de los bancos y prefirió las mieles de un partido fósil. Pachito tiene muy buen humor y solo le salta el bloque que lo puyen con lo del Bloque Capital. Hollman es periodista-político (lo que equivale a ser sacerdote ateo) y, después de haber utilizado un canal público para fines políticos, manda cartas a sus colegas donde les da cátedra de rectitud. La mona Rendón, astuta cacica, hizo bien la tarea, pero el rector la mandó a echar del colegio. Sergio saca buena nota en matemáticas, pero aún no le cuadran las cuentas. Antanas ha abusado de la sinceridad. Simón es buen hijo; César es buen padre. Álvaro Cruz es un emprendedor en el campo de casar la política con los negocios. El Alcalde de Segovia, agobia. ¿Óscar Iván está haciendo curso de dead man walking? Pardo-Peñalosa son un tándem muy del corte Parody-Luna, pero con más canas y más ganas. Paloma se despeluca con una brisa leve. Char es el dueño de una Barranquilla en la que su apellido es varita mágica. Navarro era lo único bueno que tenía Petro. Angelino es una cosa increíble que en un país serio habría llegado lejos, pero del servicio público. Samper tuvo que respaldar a la revolución bolivariana para poder pisar nuevamente los Estados Unidos. Martha Lucía tendrá que conformarse siempre con ser parte de la fuerza (minoría) que decide (a cambio de migajas). Lupe respira. Horacio, como el de la antigua Roma, se ha pasado la vida pariendo odas. De Roux es pulcro, pero no arrancó. Claudia López se detona bien. Y Florencia, Caquetá, es laboratorio de pruebas de esa política pujante que nos deslumbra a todos.Alias Iván Márquez, está claro, tiene todos los atributos que se necesitan para brillar en la política colombiana.

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