Kanamitas

Julio 06, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Un capítulo clásico de “Dimensión desconocida”, el 24 de la tercera temporada (“To serve man”/“Servir al hombre”), nos presentó a los kanamitas. Venidos de un remoto rincón de la galaxia, los kanamitas —con cráneo XL y bondad XXL— querían compartir con la humanidad una cura para el cáncer, milagrosos métodos de cultivo y fuentes de energía barata. El mundo quedó prendado de estos benefactores estelares, pero no así el profesor Chambers.Chambers desconfiaba de tanta generosidad, que incluía cientos de viajes en los que llevaban a miles de terrícolas de paseo a su planeta. Aprovechando el descuido de un kanamita, el científico se apropió de un libro olvidado por ellos que se titulaba como el episodio, “Servir al hombre”. Un complicado proceso descifró la aterradora verdad: “Servir al hombre” era un libro de cocina.Nuestros políticos son kanamitas: no nacieron para servir; están aquí para servirse de nosotros. No por coincidencia, “Servir al hombre” es el único capítulo de los 156 emitidos entre 1959 y 1964 en el que hay una referencia directa a Colombia (un primer plano de la asamblea general de Naciones Unidas muestra el escritorio reservado a la delegación nacional).Porque nuestros políticos son kanamitas es que el vicepresidente Angelino Garzón asegura que puede ser alcalde de Cali o de Bogotá, que todo queda en manos del Dios de los Cielos (del que, a propósito, vinieron los platillos voladores kanamitas). La ciudad no importa: solo el cargo y el poder.Porque nuestros políticos son kanamitas hay en Presidencia hay una discreta cola de conservadores mendicantes que respaldaron a Marta Lucía Ramírez, pero que no están dispuestos a pasar cuatro años privándose de la ambrosía pública. El mínimo apego a una oposición decorosa no importa: solo la necesidad de no marginarse de gabelas y puestos durante los próximos cuatro años.Porque nuestros políticos son kanamitas es que, aprovechando el escenario publicitario de la gelatinosa Tercera Vía, Uribe critica el apoyo de Lagos, Cardoso, Clinton, González y Blair a las conversaciones con las Farc en Cuba. La mínima esperanza de una paz esquiva hace cinco décadas no importa: solo un pulso por el poder teñido de intereses personales a los que ya estamos amargamente acostumbrados todos.Porque nuestros políticos son kanamitas es que frente a las recientes zonas grises de la gestión petrista —en cabeza de su familia política—, el gobierno, antes acucioso en la crítica del ejercicio distrital, ahora guarda silencio. El triste estado de salud de Bogotá, presa de una inclemente fiebre amarilla, no importa: solo pagar con mutismo los favores recibidos durante la campaña por la reelección.Todos los días, catarata de ejemplos sobre el carácter de kanatimas de nuestros políticos, pero con una diferencia clave: los extraterrestres que protagonizan esta columna no se dedican, como la dirigencia criolla, al canibalismo. Consumen a una especie que consideran inferior, mientras los estadistas chibchombianos se alimentan con los suyos. Su apetito es como el de la cría más fuerte del tiburón, que devora a sus hermanos en el vientre de la madre, o como el de la rana toro, que se come a sus congéneres con apenas una consideración: que le quepan en la boca.Ultimátum: Haría historia el próximo presidente del Congreso, dice Félix de Bedout, si logra mantener en su sitio al senador Uribe y si no permite que la corporación, cuando se den los debates con sus detractores, se convierta en una gallera.

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