Injusticia

Julio 26, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Hay un complot que busca acabar con la equidad. O dos. Uno contra la justicia, para no acatarla, y otro en la propia justicia. Lo saben los uribistas, que desfilan hacia el extranjero evadiéndola. El último episodio, además, con ribetes de ridiculez: el asesor espiritual de una campaña huye para evitar que lo encarcelen por contratar a un farsante que le había prometido espiar a los más poderosos del país (¡y del mundo!) con un computador portátil. Antes que él, entre el selecto grupo de prófugos (por no hablar de la otrora veraneante en Panamá), un psiquiatra que defendía el derecho a la ternura mientras supervisaba desmovilizaciones fraudulentas y un niño genio moldeado a imagen y semejanza de su líder, con la idea de sucederlo para conservar el monopolio del poder. El mismo yuppie que había, años atrás, terminado de un tajo su relación con una mujer mayor porque requería, según alegó, de un útero joven para procrear los hijos que necesita un futuro presidente.Complot de los uribistas contra la justicia, porque, por inocentes que sean de lo que se les acusa, los anima una exótica lógica legal: son estrictos con la ley que debe aplicarse a los demás, pero laxos cuando les toca el turno de los tribunales. Dice la senadora Claudia López que trabajó con Luis Alfonso Hoyos, y que puede dar fe de que el exconsejero místico-político es un hombre probo y decente. Peor. Si la gente de bien no da el ejemplo de someterse a la justicia, ¿cómo pedirles a los delincuentes de oficio, y a los guerrilleros, que acepten el imperio de la ley? Complot, repito, de los uribistas (y la Morelli) contra la justicia, pero no es menos cierto que existe otro complot: el de la justicia contra sus propias virtudes. Hace unos días, conversando con un político que se mueve bien en la pecera bogotana, me reconoció ser amigo de Jorge Pretelt. Él, que lo conoce bien, asegura lo que todos sospechamos: Pretelt es más un magistrado promedio que una excepción a la regla. Dicho de otra manera: cuando Pretelt asegura que si él cae van a caer todos, le asiste la razón, porque hoy los magistrados son administradores de negocios y no de justicia. Abundan los magistrados y consejeros que tienen más precio que ética. Así que, de no ser por la exposición mediática de sus casos, Restrepo, Arias y Hoyos habrían podido elegir el camino de quedarse a mover recursos para costearse una condena benévola, porque, como me decía el político (también abogado), no hay magistrado que no tenga un precio ni decisión no susceptible de fallarse de esta u otra manera si se cuenta con el dinero necesario. La justicia, me recordaba, hace parte de ese macrosistema de carteles y carruseles en que se ha convertido el país. La justicia no existe para ponerle coto a los de las drogas, la contratación, el combustible; tampoco a los de pañales o papel higiénico (¿da risa o da rabia?). Mucho menos será efectiva para mirarse el ombligo y poner tras las rejas a los encargados de ponernos a los demás tras las rejas. Excepto los “coroneles” uribistas. Ellos saben que la ley es un vestido hecho a la medida. Y si no les horma bien, no hay necesidad de ponérselo.Ultimátum: Vargas Lleras bendice a Peñalosa con lo que, gracias a la división en centro derecha, Clara llegará a la Alcaldía de Bogotá. Cuando Peñalosa se abrace con el uribismo, al Presidente habrá que darle una piscina de Gaviscón. ¿O fue el Presidente el que, traicionando a Pardo, mandó a Vargas a congraciarse con la izquierda para tenerla contenta en el posconflicto? Manada de hienas nuestros políticos.

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