Frankenstein

Noviembre 23, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Los que salen ganando de esta ‘crisis’ son, en primer lugar, los detractores del proceso. Las Farc son las mayores perdedoras; hay más gente dispuesta a creerle a la institucionalidad que a ellas. ¿Alguien puede sostener, sin ser tachado de loco, que las Farc no han cometido secuestro sistemático (así el fiscal se niegue a denominarlo delito de lesa humanidad), cuando el ‘Mono Jojoy’ hizo pública su directiva 002 del 2000, donde se ordenaba secuestrar a todo colombiano que a partir de un determinado patrimonio no les pagara un “impuesto para la paz”?Ahora han vuelto a estar cómodos: en la mesa de La Habana, en el catamarán en el que se asolean y comen, bailando y tomando mojitos en la Bodeguita del Medio, pero también en las montañas de Colombia, donde, como sucede en Chaparral, Tolima, de donde la Fuerza Pública los había sacado, han vuelto a establecer retenes y a extorsionar. Apuesto a que la misión de ‘Romaña’ en Cuba es explicar a sus jefes cómo está lavando el dinero de la banda y dónde tiene sus caletas. Él se hizo multimillonario con el platal que las Farc roban a los colombianos; es uno de los mayores potentados de esa asociación delictiva. Cada semana se anuncia que no habrá impunidad, que no se darán amnistías ni indultos, pero luego se insiste en penas alternativas que no entrañan privación de la libertad, con lo que se incurre en los mismos juegos semánticos de las Farc, para las que el secuestro es retención, la extorsión, impuesto, y matar, hacer justicia.El colapso de acuerdos ya rubricados se debe a la incapacidad del Estado de mantener las condiciones socioeconómicas y de seguridad producto de los acuerdos y a los empeños de las elites de recuperar privilegios perdidos por los compromisos adquiridos. Un Estado frágil no tiene cómo mantener un acuerdo de paz.La principal presión que tiene la guerrilla: si no hace la paz con Santos tendrá que esperar muchos años para generar credibilidad en una población cansada de la violencia y que ha creído en una solución pacífica. El conflicto pertenece al pasado. No se basa en razones religiosas o nacionalistas, como el resto de los que hoy persisten en el mundo. Un cese al fuego bilateral no solo es perjudicial para el país (iguala políticamente a las partes, ofrece oportunidad de recuperación militar para las Farc e implica el retiro del Estado de muchas regiones), sino también para el proceso. Si lo que quieren es reintegrarse, que den muestras fehacientes ante la Nación. ¿A qué se debe que mientras al gobierno se le exige utilizar su fuerza a tope, a las Farc se les exigen constantemente hechos de paz? En el fondo, es un síntoma de la pobre capacidad de representación de la sociedad que ha tenido la insurgencia.Una ventana que sí se va cerrando es la de la ratificación popular de los acuerdos. Por ello, el punto más difícil y definitivo que queda es la dejación de las armas. Las Farc se opondrán a ella de patas y manos, pues están unidas alrededor de un fusil y sin él pierden toda identidadLa administración Santos come el cocinado que preparó: negociar en medio del combate y tener dos discursos simultáneos, uno de paz, otro de guerra. Colombia quiere la paz, pero es más que todo una frase.Ultimátum: Gracias por leer este Frankenstein, cosido con partes de Óscar Collazos, Luis Guillermo Restrepo, Jorge Orlando Melo, Gustavo Duncan, Andrés Hoyos, Mauricio Vargas, María Isabel Rueda, Cecilia Orozco, Santiago Silva J., Saúl Hernández B., Salud Hernández-Mora, Ricardo Silva R., Ana Milena Muñoz y Marcos Peckel.@gusgomez1701

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