Fe pública

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Los concejales de Cartagena, muchos de ellos católicos, tenían por costumbre comenzar...

Fe pública

Mayo 15, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Los concejales de Cartagena, muchos de ellos católicos, tenían por costumbre comenzar sus sesiones rezando bajo la orientación de una funcionaria evangélica. Nadie se molestaba. O casi nadie: Miguel Ángel Garcés interpuso una demanda contra el acuerdo que contemplaba el procedimiento y el juez Alejandro Bonilla le dio la razón. Que nada de daño hacía la plegaria, alegan los concejales, e incluso sostienen que contribuía a la unidad.Nada más sano para las democracias modernas que la separación entre el Estado y la Iglesia, pero la Constitución no dice que esta república sea atea. Consagra, más bien, la libertad de cultos, el respeto a las creencias. Si es que la inclusión de la oración en el orden del día sugería obligatoriedad, aceptado, pero da la impresión de que en materia de leyes y decisiones judiciales, qué contrasentido, ¡somos más papistas que el Papa!En otras latitudes, Juan Sebastián Vega, abogado del despacho del vicepresidente de la Corte Constitucional, le ha pedido a la presidenta de la corporación que retiren un crucifijo de la sala de deliberaciones. Si el crucifijo influye en las decisiones de los magistrados, hay que quitarlo. Lo mismo si hace parte de algún tipo de rito previo a la toma de determinaciones que pueda incomodar a los no creyentes. Pero si no es así, y si la mayoría de los magistrados quieren tenerlo allí, ¿cuál es el problema?Y antes de que Vega pida lo mismo en la Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia, que alguien le explique que el Cristo quemado que allá reposa no es ya un objeto religioso, sino un recordatorio del holocausto, un homenaje a los que entregaron su vida como mártires de la Justicia en 1985 y a quienes reconstruyeron la corporación de las cenizas. Quieto, doctor Vega.Si el procurador Alejandro Ordóñez quiere tener un rincón con Virgen y cirios cerca a su despacho, bien puede. Y si otros funcionarios se animan a pasar y a orar con él, que sean bienvenidos. Lo que no puede permitirse es que las decisiones del procurador se funden más en sus creencias religiosas que en la ley. La fe que ofende, la fe que se inmiscuye en la gestión pública, la fe que toma partido político es inadmisible. Pero la fe que une y ayuda a superar las diferencias merece respeto.El exministro Carlos Medellín comenta que los gringos solucionaron el problema con simpleza: se soportan educadamente y entienden que hay que respetar las diferentes formas de manifestar la fe. Por eso allá son tan populares figuras como la de Acción de Gracias. Cada quien agradece a su dios y, quien no cree en nada, también puede dar gracias a la vida, a la suerte o a la química del universo. Estados Unidos existe porque en Europa la fe flotaba sobre sangre y la idea era fundar un país libre, sobre todo en materia de cultos.Colombia fue una nación de mayoría católica y solo ahora que otras minorías religiosas dejan de serlo, comenzamos a experimentar lo que los Estados Unidos ya vivieron hace tiempo. La fórmula social y constitucional es la misma: tolerancia y comprensión. O pasaremos de una guerra por la concepción del modelo de Estado a una guerra religiosa. Y para pelear sí que nos tenemos confianza.Ultimátum. Si un director de la Policía ordena a los uniformados que saluden con el lema de la institución, ‘Dios y Patria’, hace mal. Dios no es obligatorio, y menos para un servidor público. Pero si un policía siente en el corazón esa frase de su institución y quiere usarla en su trato cotidiano, está en su derecho. Amén.Twitter Sigue en Twitter @gusgomez1701

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