¡Están advertidos!

Agosto 10, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

La guerrilla no está derrotada. Valoro el optimismo del gobierno y agradezco el arrojo de nuestras Fuerzas Armadas, pero aplastar por la vía armada a la guerrilla sigue siendo un sueño que ni el papel resiste. Ese es el problema: la paz con la guerrilla, ya sea lograda en el campo de batalla o en la mesa de negociaciones, requiere de golpes tan contundentes que pueda hablarse con certeza de su atomización.Una guerrilla activa nunca dejará de combatir, mucho menos si cuenta como santuario con un país vecino donde triunfó la revolución de icopor. Es decir, donde una nueva élite que armó un modelo de izquierda trasnochado y peligroso acabó con las esperanzas de varias generaciones. Maduro es un presidente, pero es también un remedo de tirano convencido de que inundando todo con petróleo se logran grandes transformaciones. Él derrama petróleo allá y las Farc hacen lo propio aquí.No estaban derrotadas cuando conversaron con un hermano del presidente Santos para explorar ese acercamiento que el gobierno interpretó como voluntad de paz. La guerrilla con la que charló Enrique Santos no agonizaba; tampoco está hoy en cuidados intensivos la que se muestra resbalosa con De la Calle & Co. Mantiene una estructura sólida y funcional, como prueban los numerosos actos terroristas que hemos tenido que padecer en todo el país. Porque la guerrilla nació para defendernos mientras nos extermina.En su discurso de posesión —bastante mejor leído que el del senador Name—, Santos se mostró profundamente optimista con el resultado de las charlas en Cuba, pero exigió de las Farc muestras de paz amparadas en el hecho concreto de que dejaran de asesinar y destruir, y hasta les dijo: “Señores de las Farc, ¡están advertidos!”. El único punto débil de la emotiva advertencia es que el día en que una guerrilla colombiana acate a un presidente es porque triunfó su proyecto y se han convertido en el ejército oficial de, digamos, la República Bolivariana de Colombia. No, señor presidente: la guerrilla no nació para obedecer. La esencia de los subversivos, muy por el contrario, es oponerse y, con más arrestos —aunque pocos se harán efectivos después de que firmen algo—, si se trata de plantársele en resistencia a Santos, quien pertenece a una de esas familias que bien encajan en la definición fariana de oligarquía.Si no es paz, ¿qué es lo que busca la guerrilla con la pantomima de los diálogos y el performance de la firma? Un colega cuyo nombre me reservo para no comprometer una conversación rodeada de confianza, tiene una teoría interesante: los timochenkos no llegarán a la política, pero después de la firma se moverán activamente en las entrañas de movimientos de izquierda afines con el cambio para, con ellos como caballos de Troya, hacerse al poder en 2018. Y lo harán aprovechando una de las grandes torpezas de la democracia y la política criolla: la división del santismo y el uribismo. Esa insulsa pelea personalista de Santos, presidente, y Uribe, huérfano de poder, podría llevar, defraudados, a que muchos colombianos confiaran en una tercera vía (que no es la entelequia que une a Santos con Blair y con todos los apetitos neoliberales del mundo). No: esa tercera vía será un movimiento alimentado por la guerrilla, que capitalizará el descontento de quienes estarán hartos de más de lo mismo. Y, gran ironía, le deberemos esa soterrada victoria electoral de la guerrilla a dos líderes revolucionarios: Santos y Uribe.Ultimátum: ¿Van a entrevistar al gerente de Revista Diners en Canal Capital?

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