Enemigo mío

Enemigo mío

Enero 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Nada define mejor a un hombre que sus enemigos. Jacinto Benavente, admirador vergonzante del Frente Popular en la convulsa España de los 30, decía: “Solo temo a mis enemigos cuando empiezan a tener razón”. Los tuvo, y muchos. Y a ellos terminó dándoles un placer supremo: vieron recular al cofundador de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, quien, pasada la Guerra Civil, no tuvo empacho en renegar del Frente Popular y atribuir sus devaneos con la izquierda marxista a la presión de amenazas de muerte. Benavente se embolsilló un Nobel de esos con los que, lo sabe cualquier piedra del camino, sueña el presidente Santos.Suponen muchos que Uribe corona la lista de enemigos de Santos. Nada menos cierto: Uribe no es enemigo de Santos. Es enemigo, sí, de lo que personifica: niño rico bogotano al que le ha llovido todo en la vida gratis, menos las críticas. Uribe lo usó electoralmente cuando lo necesitaba, sin darse cuenta de que era Santos quien realmente lo aprovechaba a él, naciendo así una de las rencillas políticas menos afincada en el campo de las ideas.El verdadero enemigo de Santos no es Uribe, tanto o más hábil como su exministro en la tarea de untar mermelada. Más enemigo Gabriel Silva (por sus lisonjeras, edulcorantes y dañinas columnas), más enemigo Juan Mesa (por la falta de diligencia para proteger los archivos del computador de Palacio), más enemigo Lucho Garzón (por su habilidad para bloguear en contra de sus principios) y más enemiga Semana (por haber batido el récord de portadas elogiosas para un presidente de tres sobre cinco… Cifras & Conceptos revela que el 63% de los colombianos no apoyan la reelección). Enemigos que disparan, no desde el otro lado del frente, sino en medio de la propia trinchera.Un pequeño párrafo para evitar la injusticia de que Semana cargue sola la cruz periodística: enemigo también el grueso de los medios que, dizque para proteger el proceso de paz, minimizan las deficiencias de la administración e inflan sus logros con habilidad semejante a la que exhibe Jorge Hané para vendernos placebos alimenticios.La guerrilla, que es enemiga de Santos y de todo lo que representa, ha dicho que el presidente es un sujeto delirante y jactancioso, que beneficia a los pudientes para esquilmar a los pobres, que es un manipulador con alma de comerciante y que aprovecha el proceso de paz para garantizar la reelección. Traduzco: comparado con ‘Timochenko’, Uribe luce como un principiante a la hora de medir su destreza en la muy criolla disciplina del “tiro a Santos”.Las justificaciones de los áulicos del Presidente pueden resumirse en tres argumentos básicos: que eso lo ha dicho la guerrilla de todos los presidentes, que en pro de la paz hay que tragarse muchos sapos y que lo valioso es conversar con los enemigos y no con los amigos. Traguémonos estos sapos y aceptemos que, en favor de la paz, Santos está en su derecho de acabar, por lo menos, con la tranquilidad de Humberto de la Calle ‘Labana’.Seamos pacientes con Santos y aceptemos que, a pesar de su innumerable catálogo de defectos, mejor él que muchos de sus enemigos. Entre otras cosas porque no es una posibilidad sino una certeza: la reelección está negociada y pagada. Ultimátum: ¿Se dieron cuenta de que nada es más importante en Colombia que las dolencias de un futbolista? Ojalá aprendiéramos la lección de Falcao con la lesión de Falcao.@gusgomez1701

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