En cuesta abajo

En cuesta abajo

Agosto 06, 2017 - 06:55 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

La batalla contra las encuestas se perdió desde que comenzó. Como la de los horóscopos. Perdónenme los encuestadores por escribir “encuesta” y “horóscopo” en la misma línea; y disculpen también los adivinos y demás administradores de la superchería. “Cada loro en su estaca”, dicen los llaneros, aunque, en este caso, con algo en común: la gente dice que no cree en encuestas ni en horóscopos, pero los lee y consulta.

Cada tanto las encuestas chocan estrepitosamente contra la pared de la realidad, como sucedió con el plebiscito, donde la mayoría falló en el simple resultado de dos posibilidades (Sí/No) y, además, en materia de participación (abstención).

Después de algunos mea culpa muy sonoros, sustentados en explicaciones tan originales como la del “no escondido” (vergüenza a admitir públicamente el voto negativo), los encuestadores siguen en lo suyo: medir la temperatura de la opinión y cobrar.

Guarumo, la firma del exregistrador Carlos Ariel Sánchez fue en ese entonces la menos chamuscada en materia plebiscitaria (junto a EcoAnalítica), pero acaba de alborotar el avispero, exhibiendo una medición en la que Iván Duque resulta número uno en posibilidades presidenciales.

El sonoro balance le dio a uno de los principales miembros de la logia “el que ponga Uribe” un 17,4%. La felicidad duró poco: la más reciente Pulso País (Opinómetro/Datexco) bajó a Duque del cielo a la tierra, con un desalentador 0,4% que obliga a pensar si fue que el joven candidato dejó 17 puntos olvidados en el asiento de algún taxi.

Las encuestas no predicen ni adivinan, sino que, como aseguran algunos de sus defensores, son la fotografía de un momento (que cambia en cuestión minutos) y un punto de partida para debatir y decidir.

La recién horneada de Polimétrica (Cifras & Conceptos) deja unas cuantas cosas en limpio que vale la pena mencionar. Lo primero es que Santos sigue en saldo rojo de popularidad (ni hablar de Uribe) y que la frase con la que lo describe un grupo focal de encuestados parece redactada para referirse al Bernabé Bernal de Salom Becerra: “todo le sale mal”. Cómo olvidar la genial versión para televisión de esta vida de desastre protagonizada por el hombre del apellido casi perfecto para la ocasión: Mario Sastre.

Igual suerte corre el vicepresidente Óscar Naranjo, cuyo buen nombre no lo libra de una agria realidad: el 43% lo ve con malos ojos y un 33% sostiene no conocerlo. Santos, en vez de darle herramientas legales e interlocución con un nuevo Mindefensa para que dé resultados en la recuperación de la seguridad ciudadana, lo ha confinado al ruedo de la paz, un asunto que, enseña también la encuesta, ha dejado de ser fundamental para la gente.

Todos los ministros se rajan: ninguno supera la favorabilidad del 27%. Y la rapiña (léase “campaña”) presidencial sigue evidenciando que la pelea está entre “el que ponga Uribe”, Germán Vargas, Claudia López, Gustavo Petro y Sergio Fajardo. Aunque en esta, como en otras mediciones, el real ganador es la incertidumbre nacional, expresada (cero novedad) en los altos porcentajes del No sabe/No responde.

Así las cosas, la mejor de las suertes en su gestión al Dr. No, peligroso enemigo del 007, pero, sobre todo, de la democracia.

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Ultimátum.
¿Alguien ha pensado en comenzar a medir a Luis Alberto Moreno? Dark horse es como los gringos llaman a un candidato que gana cuando nadie lo contemplaba, una especie de ‘palo’, de gallo tapao. El caballo “moreno” sorprende, porque nadie lo ve venir en medio de la oscuridad.

Sigue en Twitter @gusgomez1701

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