Embudo

Embudo

Julio 19, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

¿Cuáles son los crímenes que va a reconocer la guerrilla ante la justicia? ¿Quién los va a enumerar? ¿Cuándo nos presentará el listado alias Iván Márquez o alguno de sus locuaces camaradas? ¿Será el gobierno quien los publique a manera de edicto? ¿Los van a fijar en la cartelera de una notaría? ¿Podría ser en el Diario Oficial? ¿O una alocución presidencial? ¿Quizás en el Boletín del Consumidor? El gobierno y todo organismo vinculado con la justicia conoce de esas actividades delictivas y si no hemos podido reunir pruebas sólidas en sesenta años de guerra, pues cerremos el país y vámonos a vivir a Plutón. Todo guerrillero medianamente reconocido está vinculado a procesos judiciales o se encuentra profusamente reseñado en los archivos de inteligencia de la policía y de las fuerzas militares. ¿O será que no?Hace unos días, con presencia del fiscal, sus asesores y un congresista, dos abogados que representan los intereses de las Farc (reconocidos por el gobierno) pasaron horas y horas empapándose de esos crímenes. La Fiscalía les expuso el catálogo entero, que, quizás con excepción de traición diplomática y omisión de apoyo, comprende el código penal de punta a punta. Se supone que en unos días imputarán cargos a un nutrido grupo de guerrilleros. Es lo que toca. En sintonía plena con el episodio, y como parte de una especie de ronda de entrevistas agendada con los medios, aprovechó el presidente una charla con Claudia Gurisatti para decir cosas como que “la paz tiene que darse con justicia”, que “no habrá paz con impunidad” o que “una vez las Farc acepten ser investigados, juzgados y condenados, estaremos muy cerca de terminar la guerra”. Remató con la pepa del asunto: “Tiene que haber una pena privativa de la libertad”. Si le entendimos bien al presidente, de no consentir la guerrilla sanciones que incluyan la pérdida de la libertad, el proceso se acabó. Entonces, presidente, lo que usted anunció, y la gente no ha entendido, es que el proceso de paz está en la cuerda floja. Asistimos a una de esas fiestas ochenteras en que a las tres de la mañana el dueño de casa, aburrido de tanto borracho, encendía todas las luces y ponía las peores canciones para que los invitados se dieran por enterados de que el anfitrión quería irse a la cama.Señor presidente: la guerrilla no tiene intención alguna de caminarle a lo de las penas privativas de la libertad. Nuestras leyes no aplican para ellos; las desprecian, les estorban. No se sienten delincuentes sino guerreros, patriotas, libertadores, próceres de una revolución que ellos todavía consideran posible. Sostienen que la paz no puede significarles un minuto en reclusión, ni siquiera domiciliaria. No se engañe, presidente, que no existe la más remota posibilidad de que el Alias Club se le mida a las rejas. No van a venir del monte a meterse entre cuatro paredes.A estas alturas no hay más preso que usted, presidente, de la manera en que la guerrilla aprovecha los diálogos para sus propósitos, y todos nosotros, de un sueño que es difícil de aterrizar cuando hay tanto personaje de pesadilla escondido entre la almohada. Ultimátum: Puede el procurador obstaculizar la carrera de cualquiera que le signifique futura oposición electoral, pero a él nadie lo frena cuando practica el culto a la repartición de puestos. Se llama Ley del Embudo. La aplica Alejandro Ordóñez y también nos la quiere aplicar la guerrilla. Los extremos terminan encontrándose en algún punto de la ruta.

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