El voto es usted

Agosto 28, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Hace tiempo me hice una promesa que, en mis 26 años de ejercicio periodístico, he cumplido a pie juntillas: jamás decirle a nadie por quién o cómo votar. Reconociendo, claro, que en el lodazal de la política de vez en cuando un puñado de honestos asoma la cabeza y no está de más destacar el trabajo de quienes creen que el servicio público es algo diferente al ánimo de lucro.Pero (porque siempre hay un ‘pero’) ni el que existan candidatos sin mácula, ni la emotividad de la mayoría de mis colegas, ni el pesimismo de ciertos sectores políticos va a conseguir que cambie de opinión. Me he acostumbrado a los periodistas/columnistas que en cada elección anuncian su voto y aconsejan cómo ejercer el ajeno. Esa transgresión a la intimidad de la urna siempre encuentra excusas: que hay que apoyar a los mejores, que debe depurarse el aparato estatal o que tenemos que cerrarles el paso a los corruptos.En esta oportunidad el argumento es que Colombia vive un sublime momento, trascendental, y que está en nuestras manos desactivar la guerra. Muy válido, pero me mantengo firme: no creo que, como periodista, deba encaminar el voto de los demás. Cosa muy distinta, advertir la gran ventaja que ofrece nuestra democracia de poder votar libremente.La abstención, que más bien pocos resultados tiene en la práctica, también es un privilegio de los colombianos y, mientras la ley no disponga que el voto sea obligatorio, es una opción válida. El abstencionista, que es visto como una especie de calamidad republicana, es alguien que aprovecha otra de las posibilidades electorales que protege nuestro ordenamiento.Hace poco me escribió un conocido, a quien mucho aprecio, y me invitó a conocer en una especie de campaña en redes bautizada con el hashtag de #MiFamiliaSí No puedo negar que me resultó grato ver a una familia de acuerdo en algo (porque donde hay familia grande, hay grandes desavenencias), e incluso le encontré sentido al argumento de la propuesta: “es una iniciativa sin tinte político”.La política, que debería ser algo inestimable, es aquí sinónimo de podredumbre, y por eso entiendo la distancia que esta querida familia quiere marcar de su intención de voto en el plebiscito. En eso les cogeré la caña: guardaré mis distancias periodísticas con el No y también con el Sí, entre otras, porque creo en que el voto es un derecho secreto de efectos públicos. Pero secreto al fin y al cabo.El gran consejero del voto en el plebiscito no es la recomendación de un columnista, ni la emotividad de un periodista, ni el interés de un funcionario, ni el ambiente festivo de la publicidad, ni las hordas de las redes sociales. No. El único consejo válido es el del propio criterio, que se consolida recibiendo la mayor cantidad de información posible sobre el proceso, sopesando los pros o contras y entendiendo lo firmado entre gobierno y guerrilla. No busque el voto en ninguna parte: el voto es usted.***Ultimátum. Aunque cada semana estamos tirando voladores por el comienzo de la paz y celebrando días históricos, lo importante es aquello que bautizamos con un lugar común: los retos del posconflicto. El escenario político, social y económico que se nos viene flota entre nubes y nos tocará a todos aterrizarlo y manejarlo de la mejor manera para que siga habiendo país. Recuerdo hoy las valiosas palabras del profesor Moisés Wasserman: “Recomendaría que quienes se consideran amantes de la paz (voten como voten) usen un lenguaje más pacífico, sólo por coherencia”.Sigue en Twitter @gusgomez1701

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