El señor Martin

Marzo 13, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

La primera vez que vi al señor Martin pensé que era el encargado de contabilidad del sello Parlophone (EMI) y que la foto era un registro de su entrada a los estudios para saludar a los Beatles. Maduro, espigado y encorbatado, me recordaba a mi abuela Mariela. No, mi abuela no usaba corbata. Pero era menudita y alta como él, y se aplicaba fijador Lechuga, una especie de gomina de efectos similares a la del señor Martin. Probablemente los Beatles habrían sido los Beatles sin el señor Martin, pero no habrían sido los Beatles que conocemos. En tiempos en que los estudios de grabación eran más oficinas que escenarios creativos, el señor Martin guió el talento de los Beatles para que explotaran un potencial que los inexpertos músicos habrían tardado en activar. Los secretos de la producción y de las consolas de grabación, así como los arreglos y las posibilidades de instrumentación con cuerdas y vientos, llegaron a ellos por la vía del señor Martin. Y fue él quien hizo las mezclas de sus discos, con especial dedicación en las monofónicas, que conservan la esencia pura de los Beatles.Cierto es que a los Beatles los contrataron por una miseria, pero fue el señor Martin quien insistió en que les mejoraran las condiciones, con la evidente molestia de EMI. Nunca se lucró de ellos; siempre cobró su sueldo y ni una libra extra. Solo a finales de los sesenta se independizó y la disquera lo contrató en unas mejores condiciones, porque los cuatro insistían en trabajar con él. Producir al grupo más vendedor de la historia no le produjo más que satisfacción.Mucho debió haberle dolido que John Lennon, en los setenta, declarara que no había que sobredimensionar su trabajo al lado del grupo. Salida destemplada del rebelde Lennon que no empaña el legado del señor Martin, quien murió sordo, después de haberse hecho célebre por tener uno de los oídos mejor calibrados de la industria. La leyenda (y Mark Lewisohn, el más reconocido estudioso de las sesiones de grabación del cuarteto) asegura que, luego de haber despedido al baterista Pete Best, el señor Martin llevó el 11 de septiembre de 1962 a un baterista de sesión, Andy White, para trabajar con los Beatles. Eso dejó de una pieza al recién llegado Ringo Starr, que confesaría después haber pensado que le harían lo mismo que a Best (bueno solo de apellido). No fue así. La plaza terminó siendo para Ringo, que se convertiría así en el baterista más famoso de la historia. Starr, el hombre que casi fue despedido por el señor Martin, lo despidiera en Twitter y confirmara su muerte.El señor Martin fue sir por disposición de la reina Isabel II en 1996, pero hacía muchos años era señor y caballero. En aviso pagado en la revista Billboard por Ascap, asociación de compositores y editores de los Estados Unidos, pudo leerse hace unos días: “Productor, compositor, autor, caballero”. Caballero a toda prueba.Parafraseando a García Márquez tras la muerte de Lennon, diríamos que en un mundo en que los vencedores son siempre los que pegan más fuerte, los que sacan más votos, los que meten más goles, los hombres más ricos y las mujeres más bellas, es alentadora la conmoción que ha causado la muerte de un hombre que no había hecho nada más que ayudarles a cuatro muchachos humildes de Liverpool a que le cantaran al amor. Ultimátum: Mientras moría el productor de los Beatles, el cantante de los Rolling Stones comía oblea con arequipe en Bogotá. Locombia en su más genuina expresión.

VER COMENTARIOS
Columnistas