El coso nacional

Noviembre 09, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

El presidente va de gira a Europa, a ver quién le gira. Se ofrecen los préstamos de rigor y se reciben los honoris causa de rigor mortis en materia de atuendo. Los caricaturistas dibujan al presidente como un mendigo y la presencia de su hijo lo retrata como un padre cariñoso, empeñado en darle juego al muchacho. Mientras, el delfín-espadachín se bate a duelo con Cyrano de Lozano en Twitter, con argumentos que en nada lo alejan de aquel precario rol de bodyman del que no logra desprenderse.En la encuesta de Datexco, 59 de cada cien colombianos aseguran que están tan a gusto con el manejo del proceso de paz como lo estarían, por ejemplo, haciendo una fila de cuatro horas en la Dian. En la medición de Cifras & Conceptos, el 43 por ciento dice que el gobierno debe tomarse el tiempo que considere necesario para sacar adelante las conversaciones de paz, pero 61 de cada cien parroquianos piensan que el proceso terminará terminal. Gallup sostiene que el 62 por ciento de los encuestados avala el proceso y que descendió en doce puntos el número de colombianos que cree en la derrota militar de las Farc como solución al conflicto. Mientras haya encuestas, hay esperanzas. Y negocio.La guerrilla gradúa una evidente mentira dizque de evidente verdad: “Evidentemente (‘evidentemiente’, digo yo) nuestras responsabilidades no son en ningún caso por la comisión de crímenes de guerra o de lesa humanidad”, lee ‘Pablo Catatumbo’ mientras caen asesinados dos indígenas caucanos por el “delito” de desmontar vallas con la imagen de ‘Alfonso Cano’.El procurador Alejandro Ordóñez le responde a ‘Catatumbo’: “Los derechos de las víctimas, la justicia y la garantía de no repetición no tienen ninguna oportunidad de ser satisfechos (…) si las Farc no dejan de mentir”. Lo grave del trance a ritmo de patrañas es que confiábamos en que, por una vez en su larga historia de sangre derramada, la guerrilla iba a reconocer que los colombianos somos el grano que han molido en aras de hornear su revolución. La revolución, sin embargo, tiene más de morcilla que de baguette: se arma con la sangre de la gente que dice defender.No hay justicia en este país. Bueno, sí la hay, pero sus máximos custodios han pasado de elevar magistrados auxiliares a la calidad de flamantes pensionados al triste espectáculo de aferrarse a sus puestos -que lograron a punta de intrigas políticas-, recurriendo a una artillería propia de tinterillos. La majestad de la justicia convertida, ya no en cenicienta, sino en cenicero. Francisco Ricaurte, uno de los malabaristas más habilidosos del circo de las cortes, parece que finalmente deja la carpa gracias a una decisión inapelable del Consejo de Estado. Que no termine este párrafo con la sensación de que se le hace un elogio al Consejo de Estado, escenario de notorias compraventas de conciencia.En otras pistas del circo asesinan gente con carros diplomáticos, convierten los sueños de estudiantes universitarios en hamburguesas, los cachacos se acostumbran a respirar llantas, rinden homenaje a británicos invasores y, para regocijo de Maduro, capturan en Colombia a alias ‘Colombia’.Ultimátum: En evidente burla a las opiniones sobre ecología de Ramiro Bejarano, mientras el alcalde de Bogotá trinaba “la verdad es que soy un ambientalista extremo” se hacía público el nuevo negocio de su familia política: urbanizar humedales.@gusgomez1701

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