Devotos

Devotos

Mayo 25, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

¿Querían una campaña electoral seria, transparente y protagonizada por gente respetuosa de sus adversarios? Han debido nacer en Finlandia, donde la política es apenas un grado más caliente que la maternidad. De hecho, la ONG Save The Children ha declarado a Finlandia el mejor país para que las mujeres sean mamás. Allí prosperan las madres; en Colombia, en tiempos de la prosperidad, nos las arreamos de frente y por debajo de la mesa, sobre todo en vísperas de botar el voto. Es día de ir a urnas, un ejercicio circense que se mueve entre las pistas del delito, la corrupción y la fetidez nacional. Votamos en un escenario minado con plastas vacunas en las que se menean -junto a los gusanos- hackers mercenarios, directores espirituales, indignos funcionarios de inteligencia, candidatos mendaces, expresidentes que desconocen la justicia, tuiteros prepago, periodistas militantes, magistrados que comercian con tutelas, canales públicos arrodillados, delfines entrenados para mamar la teta pública y políticos venales. Flotando sobre ese panorama desalentador, la idea decimonónica de que los columnistas están llamados a erigirse como faros de la comunidad. Están repletos hoy los periódicos de columnas donde sus firmantes recomendarán -como en la broma-no-broma que circula en redes- que votemos “por el candidato de Uribe, el excandidato de Uribe, la exministra de Uribe, el exalcalde de Uribe o la exnovia de Uribe”. En esta columna, no. Cada quien es dueño de su estulticia y no necesita de consejo alguno para equivocarse. Aquí, apenas unas recomendaciones generales, tan atractivas como las del uso de la bolsa de los aviones para trasbocar:Escúchese usted mismo; no deje que el agua revuelta de la campaña lo ahogue. Vote por la persona en quien confía para regentar este platanal que, como decía Bushnell, es “una nación a pesar de sí misma”.Medios de comunicación y redes (a)sociales brindan elementos de juicio (¡y enjuician!), pero los votos no son borregos tras una campanita. Uno es su propio voto. O su derecho a no votar, porque la ley no pena a quien se muere de la pena de votar o vota en blanco. ¿Le parece entender que los periodistas de su emisora favorita le sugieren candidato? Bájele el volumen a la radio y suba su propio volumen.Si lo previenen sobre el hecho de que al votar por tal o cual persona habrá “más de lo mismo”, cuestiónese: ¿Ha pasado dichoso durante los últimos cuatro años o siente en el pecho el peso de una locomotora?Y si la gente comenta que su candidato es petulante, vote por él con la tranquilidad de que todos los políticos criollos son soberbios y sobrevalorados. Usted siempre va a la fija.¿Sospecha que su elegido hizo una alianza ruin con un funcionario que sueña con usar al Estado como traje bolivariano a la medida de sus resentimientos? Vote por otro. O vote por él, si le parece que en el juego de la política todo vale.Si, a pesar de lo que dicen en medios, redes y corredores sobre las facetas deplorables de su candidato, usted cree en sus escuetas explicaciones y confía en que la Fiscalía lo tratará con fineza, pues respáldelo. La temperatura de la moral que a unos acalora, a otros refresca. Cada quien atienda a su termostato.¿No duerme pensando que un voto garantizará la paz y otro reactivará la guerra? ¿Tan grandecito y todavía creyendo en que los políticos van a cumplir su palabra? No sea ingenuo. ¡No sea tan finlandés!Ultimátum: Si el hacker es una invención, ¡quedó perfectamente inventado!@gusgomez1701

VER COMENTARIOS
Columnistas