¿Descanse en paz?

Agosto 03, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Está corriendo en los últimos días la paz la misma suerte de la Salud, de las reformas agrarias, de la Justicia y sus cojeras, de las decisiones contundentes para hacerles frente a las sequías y a los inviernos, de las carreteras de doble calzada, de los sistemas urbanos de transporte masivo… comenzamos a creer que el diseño de nuestra paz fue confiado al calculista de las torres Space, y que seguiremos condenados a matarnos los unos a los otros por otras cuantas décadas decadentes. El presidente Santos siempre ha sido sincero: nos advirtió que son muchos los sapos que debíamos tragarnos por la paz. El primero, obvio, reelegirlo. Así que si la paz se desmorona le pasarán cuenta de cobro no solo los uribistas, sino todos aquellos animales políticos que, como los de izquierda, se animaron a firmarle con la derecha un poder general para detener la lluvia de plomo. Además de uribistas histéricos e izquierdistas intoxicados (entre otras, por no haber podido saldar con puestos su apoyo a la candidatura reeleccionista), Santos tendría que capotar hasta el final de su periodo a millones de colombianos que nunca lo vieron como el Juanpa de doña Mechas, sino como un político sagaz y poco carismático al que se le dio el voto únicamente a cambio del compromiso de una paz duradera. La guerrilla ha pasado las últimas semanas haciendo lo que mejor sabe: atentar contra la población, volar torres que dejan a cientos de miles de colombianos sin energía eléctrica, asesinar niños, dispararles a policías y soldados (algunos desarmados) y contaminar tierras con crudo. Sabíamos que íbamos a negociar entre las heces, que la delincuencia no abandona el lado oscuro como por arte de magia y que quien se ha acostumbrado a hacerse sentir a costa de la sangre ajena difícilmente recompone el paso en unos cuantos meses. Sí, pero pensábamos que, en la medida en que avanzaran las sesiones en La Habana, los actos terroristas iban a disminuir, como una exhibición comprensible de buena voluntad. Eso no está pasando.Han revivido las teorías de siempre: desconexión de los negociadores de las Farc con su tropa, mecanismos de presión para fortalecerse en las mesas, ausencia de voluntad para un diálogo fructífero, descontento frente a negativa de la gente a impunidad total… y un enorme catálogo de explicaciones que regurgitamos cada vez que la locomotora de la paz amenaza con descarrilar. Digo que el Presidente ha hecho su mejor esfuerzo, con paciencia y blindaje ante los ataques de una opinión pública repleta de dudas. Se le puede cuestionar por su gobierno y por sus decisiones, incluso como persona, pero no hay cómo negar que cree en la paz y que está dispuesto a estirar la pita hasta donde toque para que acabe el conflicto. Ojalá la pita no termine enredándosele en el cuello, porque hay fila para tirar de ella.Ultimátum: He dicho antes (y tantas veces) cosas sobre el Canal Capital, que no voy a llover sobre mojado hoy. Me reservo unas líneas en esta columna para pedirle a Hollman Morris que no permita que detestables egolatrías e intereses políticos (que no pueden someter a un periodista, aunque funja de gerente) logren echar por la borda las buenas cosas que ha hecho este canal público. Morris no puede terminar siendo fiel reflejo de los políticos manipuladores y mañosos que ha criticado toda la vida. Está a tiempo de recomponer el paso y evitar traspasar fronteras de las que no hay regreso. @gusgomez1701

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