Colombian (toilet) papers

Colombian (toilet) papers

Abril 17, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Minutos después de que el Grupo Familia presentara excusas públicas por la participación de algunos de sus ejecutivos en los acuerdos para fijar precios y vulnerar el Régimen de Competencia, se vino con fuerza una cascada de reacciones a través de las redes sociales. Más allá de los deplorables comentarios escatológicos que involucran a Familia y a otros fabricantes de papel higiénico o productos de aseo íntimo, el grueso de las opiniones acepta las disculpas. Pero la gente quiere que vengan acompañadas de rebajas en los precios. Como tiene que ser.Los empresarios están jugando con fuego. Sus acuerdos para distorsionar la libre competencia (que permite se den sanas diferencias de precios), sus pactos para aprovechar posiciones dominantes y sus integraciones económicas por debajo de la mesa no solo se traducen en un perjuicio para el bolsillo de los usuarios. El daño es más profundo.La libertad y la posibilidad de que un pueblo se dé su propio gobierno, por redundante que suene, son pilares de la democracia. Esa libertad viste muchos trajes: el de la expresión, el del culto, el de la asociación, el de la educación… y uno fundamental: el traje de la libertad de mercado. La libertad de mercado y el derecho a la propiedad privada, como diría Kerensky, evitan que los ciudadanos se conviertan en “obsecuentes funcionarios de un Estado omnipotente”.Acordar la manera de esquilmar a los consumidores debilita nuestra de por sí precaria democracia y comienza a presentar a los empresarios, frente a la opinión pública, como dueños de notables coincidencias con quienes han abusado de nosotros toda la vida. Muchos colombianos ya incluyen palabras como empresa, guerrilla, cartel y banda criminal en una misma oración. ¡Hasta la corrupta guerrilla está señalando hoy a los empresarios!Lo que no se le perdona a la ilegalidad, menos tiene disculpa en la actividad comercial. Las empresas que evaden o eluden impuestos están quedándose con el dinero del Estado, que es el de los ciudadanos. Y quien acuerda el cobro de precios indecentes para los productos del consumo básico, se está apropiando de lo ajeno. El español tiene un verbo preciso para describir el asunto: robar. Un robo de la más vil categoría, porque está disfrazado de pulcra actividad económica. Un robo sin pistola, sin cuchillo, sin privación de libertad o vacuna. Un robo repugnante, perpetrado por quienes creíamos estaban de nuestro lado en la lucha contra la actividad ilegal y que, en cambio, por años se han quedado con el dinero que necesitábamos para ofrecerles condiciones dignas de vida a nuestras familias. Nos asaltaron en casa.Esta traición no la van a disimular con lacrimógenas cartas de disculpas, ni señalando como chivos expiatorios a un puñado de empleados. El buen nombre de estas empresas solo lo recuperarán cuando vengan compensaciones reales para los ciudadanos. Y un castigo ejemplar.Ultimátum I: En muchas esferas miran con recelo a Pablo Felipe Robledo, superintendente de Industria y Comercio. Nada de malo tiene en una democracia que se lo cuestione y no es rueda suelta para que su gestión esquive la lupa de los entes de control. Pero se le reconoce que tiene arrestos necesarios para defender los centavos de la gente de a pie. Que siga apretando.Ultimatum II: Comienza la Fiscalía a pedirles cuentas a los periodistas corruptos. Gracias a su deshonestidad, han terminado por convertirse en noticia.Sigue en Twitter @gusgomez1701

VER COMENTARIOS
Columnistas