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Octubre 11, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

I. Algo tendrán que confesar ‘Timochenko’, ‘Márquez’, ‘Santrich’ y los demás líderes guerrilleros para terminar cómodamente instalados en una granja, cosechando tomates y haciendo política. Pero el grueso de sus actuaciones ilegales, y de los innumerables asesinatos que ordenaron, tratarán de obviarlo. De ahí el valor que retomarán en un futuro cercano los computadores que están en manos de las autoridades, agencias de inteligencia y de la prensa, en los que sus comunicaciones internas dan cuenta de miles de delitos. Que se cuiden los guerrilleros de contar verdades a medias frente a la nueva justicia, no vaya y sea que pierdan los beneficios con los que sueñan. Digo, siempre y cuando la nueva justicia se parezca a la justicia.II. Ni Santos ni ‘Timochenko’ fueron bendecidos por el Nobel de paz, que quedó en manos del Cuarteto para el Diálogo Nacional en Túnez. Decisión que nos libra del ridículo que hubiera significado ganar un Nobel en virtud de un borrador con 75 puntos que supuestamente sellan el futuro de la paz y que, vean ustedes, lo que ha desatado es una guerra verbal entre negociadores del gobierno y de la guerrilla. Texto que para el Presidente debe someterse a carpintería jurídica, mientras la guerrilla lo presenta como palabra sobre el mármol (¿recuerdan a Santos en campaña hablando de grabar la promesa de no aumentar los tributos?). Pensemos en el Nobel una vez hayamos, no solo firmado la paz, sino comenzado con pie firme la implementación de los acuerdos. Lennon, cuyo aniversario de nacimiento número 75 celebramos hace un par de días, lo dijo en su canción ‘Mother’: “Niños, no hagan lo que yo hice: no podía caminar y traté de correr”.III. Parafraseando a Álvaro Gómez Hurtado, Clara López recordó que las encuestas son como las morcillas: a la gente le gustan, pero nadie sabe cómo las hacen. A los políticos, en cambio, solo les apetecen las encuestas cuando brillan en ellas. Con todo lo molestas o superfluas que resulten para algunos, las encuestas hay que buscarlas en el cajón marcado con la L de libertad de expresión. Mal hace el Consejo Nacional Electoral (CNE), entidad donde las relaciones políticas de sus miembros no son eventualidad sino requisito, en pretender limitarlas. El deber de los encuestadores es respetar las reglas de juego y su real sanción es la disparidad de sus proyecciones al comparárselas con el resultado en urnas. Que tenga cuidado el CNE con eso de acallar canales de expresión. Así comenzaron papá y mamá en Venezuela, y dieron a luz al chavismo.IV. Quien haya amenazado de muerte a Pascual Gaviria, de La Luciérnaga, habrá entendido que el tiro le salió por la culata. No solamente la revelación del hecho generó una ola gigante de solidaridad, sino que confirmó a Pascual en lo suyo: evidenciar cada tarde las marrullas de nuestra clase política y los trucos que utilizan para engañar al electorado. A él, han tratado de acallarlo con presiones indebidas, tutelas inicuas y, ahora, amenazas anónimas y canallas. Nada les ha funcionado. Aquellos que todo lo corrompen con el dinero deberían entender que hay personas que no tienen precio.V. Pedía un tuitero hace unos días que quienes trabajamos en los medios de comunicación revelemos públicamente si tenemos alguna simpatía por los candidatos de las próximas elecciones. Con gusto lo complazco: no apoyo ni recomiendo a ningún candidato, no aconsejo seguir ni votar por nadie, no milito ni he militado en ningún partido o movimiento. Para mí los políticos se asemejan a la morcilla que tanto asco le da a Clara López.

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