Catolicisma

Catolicisma

Marzo 16, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Un año de papado cumple Francisco, en quien millones de creyentes confían para que acabe con todo lo que, en el fondo, les gusta de la iglesia. Docenas de cismas han ido arrancado, a históricos pellizcos, generosos trozos de una institución que en realidad está formada por 23 iglesias unidas por la comunión con el obispo de Roma, ese que personifica todo lo que es el catolicismo.El risueño Papa representa la imposibilidad de que una joven víctima de violación cuente, para abortar, con el respaldo de los vicarios de su Dios. El Papa encarna la tragedia de una mujer que deja a su esposo maltratador y a la que privan de la hostia por negarse a seguir siendo pera de boxeo del cafre. El Papa es el único que podría liderar la caída del celibato, que impide a miles de hombres y mujeres servir a su creador mientras aman a alguien de carne y hueso.Amarse los unos a los otros sin poder hacerlo físicamente; preservar la vida a toda costa, mientras se bendice a los ejércitos; fortalecer el cumplimiento de la ley, pero blindando a los sacerdotes pederastas; exaltar a la mujer como elegida para la maternidad del hijo de Dios, al tiempo que es separada del sacerdocio y se la mantiene como una especie de asistente del varón, ungido, ese sí, para los roles protagónicos; repudiar el homosexualismo, sabiéndolo poderoso en una comunidad donde el pecado no es ser sino reconocer que se es.A Jorge Mario, que no pasa de ser un personaje carismático, cálido y dueño de una efectiva diplomacia mediática, se le pide que sacuda al mundo cristiano, que lo refresque y actualice, cuando en realidad tiene una escasa capacidad de ofrecer un Catolicismo 2.0.Baste imaginar una iglesia objeto de reformas democráticas que satisfagan los deseos de la variopinta grey: un sacerdote homosexual llegaría a su templo el domingo y se despediría de su novio con un sonoro beso antes de entrar a oficiar. En su sermón, destacaría la entereza de una mujer que recurrió al aborto ante la imposibilidad de traer al mundo a un hijo del que los médicos habían advertido deficiencias cognitivas y saludaría a los divorciados presentes. Nuestro pastor cumpliría esa misma tarde una cita ante la justicia para testificar contra un colega que abusó de unos alumnos menores de edad y aprovecharía para conversar con su representante legal sobre un futuro proceso de adopción.¿Apertura o catástrofe? ¿Evolución o desastre? Algo hay de esto y aquello, y un Papa como Francisco sabe que vale más pasar a la historia como el cálido dueño de Renault-4 que regañaba a los sacerdotes con Rolex que como un desafiante reformador. Lutero no rima con Bergoglio.La verdad, que insisten en desconocer quienes quisieran una iglesia de sastre, a la medida, es que el catolicismo está en su derecho de funcionar desde las cavernas. No es obligatorio ser católico. Es un club de puertas abiertas, pero con estatutos que deben cumplir quienes quieran la membrecía. La lucha por la equidad debe hacerse no en los púlpitos sino en los terrenos de la ley, el verdadero escenario de la igualdad. Una iglesia democrática no habría llegado ni a la época del papa Telésforo.A Francisco, seamos prácticos, vamos a reconocerle su valiente cuestionamiento sobre las suegras. Y sus sonrisas. Amén.Ultimátum: ¡Ay de que pillen a alguien sirviendo de tuitero prepago, de esos que defienden funcionarios, recibiendo dineros públicos como contraprestación!@gusgomez1701

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