Camilo

Junio 14, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Hace tres años, un plácido sueño del sábado en la mañana se me convirtió en angustia. El teléfono timbró y al otro lado de la línea estaba mi amiga Diana Calderón. Me soltó la bomba sin anestesia: Camilo Durán Casas, nuestro compañero de 6AM en Caracol Radio, se había muerto. Me lo confirmaron minutos después Francisco Tulande y Alberto Casas Santamaría. El martes 13 (¡fecha perfecta!) de enero de este año, cuando asumí la dirección de La Luciérnaga, habría dado un brazo por el honor de saludar a la audiencia con Camilo sentado a mi lado. Es difícil encontrar a alguien como él en la ruta de la vida. Desde la perspectiva que da el paso de los años, lamento no haber estado más cerca de él. Y nos pasa a todos los que lo conocimos. Como se dice en la moderna hotelería: Camilo nos quedó debiendo tiempo compartido. Con una cabeza irrepetible y unos modales de caballero, patinaba sobre su inteligencia, pero no con la petulancia de los intelectuales; apenas amparado en la genuina modestia del que sabe que su saber no debe ser esgrimido como arma. Twitter se inventó para Camilo, pero no habría llegado a él sin la insistencia de su hijo Santiago, que dio la lucha para acomodar su altura mental en 140 caracteres. El resultado: nació quien fuera el mejor trinador de Colombia. O, como lo definió, Daniel Samper Pizano, “un aforista disfrazado de tuitero”.Entre trinos y escritos se refirió con puntería de Guillermo Tell a todo lo que se nos presenta tan apetitoso como una manzana fresca, empezando por la misma red: “Twitter es la radio escrita”. Muchos de sus mejores momentos en la red social-asocial (en la que casi todos se insultan y pocos, como él, dejan huella de peso) los había garrapateado antes de que se inventaran la jaula virtual del pajarito color Viagra.Trinó sobre todo. Educación: “Una de las cosas que les enseñan las buenas universidades a sus alumnos es a hablar como si no tuvieran la razón”. Amor: “Uno sabe que está enamorado unos veinte años después”. Fe: “Nadie más callado que un convencido”. Ego: “No hay droga más adictiva que el elogio”. Política: “Los años son electorales, preelectorales o postelectorales”. Sociedad: “Una sociedad es civilizada cuando los militares son tan respetados como los maestros o los dentistas”. Fútbol: “Los partidos amistosos son al fútbol lo que los eunucos al sexo”. Literatura: “Compre un libro. En el peor de los casos le ayudará a dormir”. Y sobre el motivo de esta columna: “Morir es la única experiencia que no se puede transmitir”.Su cuenta (@cduranca) aún funciona, y con una de esas asombrosas herramientas que se han inventado para que estén a la mano de cualquiera sin ocupar espacio en la mano, es posible recuperar sus trinos. También han de quedar en librerías algunos ejemplares de “Uribe es la suegra de Santos”, la antología de sus mejores frases, libro cuyos derechos y producido pertenecen a sus hijos, Ana María y Santiago. Algunas de ellas, inéditas, las conservo en una libreta de notas que mantenía en su mesita de noche y que me regalaron los Durán Otero, habiéndome obsequiado antes su amistad. Comparto una: “No tengo amigos. Pero los quiero más de lo que ellos, los que creen que son mis amigos, me quieren”. Hay unas bellísimas sobre su amada Luisa. Me las reservo, de la misma manera en que ella reserva un trozo enorme de su corazón para él. Como todos los que lo conocimos. Y fuimos esos amigos que no fueron, ¡siéndolo!Ultimátum: Cuando se coge tanto impulso delinquiendo, resulta difícil frenar antes de firmar la paz.

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