Ascensos

Diciembre 06, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Gómez Córdoba

Tremenda telenovela la que se armó esta semana en el Congreso, alrededor de los ascensos de policías y militares. En ese escenario, algunos senadores objetaron a un puñado de candidatos. Telenovela, porque asistimos a capítulos diarios protagonizados por uniformados, congresistas, ministros y, como en buen culebrón criollo, jugosos anónimos.Deben tener los militares y policías una hoja de vida pulcra, pero no solo al momento de ascender y recibir el visto bueno del Senado, sino siempre. De ahí la importancia de que los parlamentarios y el gobierno hagan seguimiento permanente a los altos oficiales. Exhibir la información que genera dudas solo en ciertos momentos de la actividad legislativa tiene, sobre todo, tufillo a espectáculo mediático. ¿Y es que los altos mandos no revisan con rigor las hojas de los candidatos?Dígase lo mismo de revelar a cuenta gotas datos a los medios sobre la base de anónimos difamatorios, carentes del soporte legal que uno esperaría acompañara a las determinaciones de los congresistas. Hablan los legisladores, por ejemplo, de una delación que el general Mauricio Santoyo habría hecho a las autoridades norteamericanas, involucrando a otro general, a Luis Eduardo Martínez, cuyo ascenso quedó entre el frigorífico, a pesar de innumerables capturas y resultados en la lucha contra la delincuencia. En el aire quedan muchas dudas. ¿Cuál de los congresistas que desfiló por micrófonos de los periodistas tiene la declaración de Santoyo? ¿El tristemente célebre general abrió la boca en los Estados Unidos y mencionó solo a un eslabón de la cadena de corrupción? ¿Qué agencia de ese país puso en conocimiento a sus pares colombianos de tal diligencia?Ahora, si es que Santoyo habló y la que está demorada es la transcripción de la delación, ¿hay pruebas de lo que afirma? ¿Por qué no hay reacción de ninguna agencia norteamericana o de la embajada? ¿Serán los estadounidenses tan despistados como para permitir ascensos de oficiales que han tenido vínculos, por ellos conocidos, con narcos?Respuestas satisfactorias, pocas. De manera que el camino elegido en el Senado es dar por verdad grabada en piedra los anónimos. Lo recto habría sido tomar partido con argumentos amparados en decisiones judiciales o hechos incontrovertibles, pero los parlamentarios prefieren trabajar poco y hablar mucho. Dígase lo mismo del gobierno, con un ministro de Defensa que a última hora reculó (por anónimos que circulan hace años) y dejó entrever que en Palacio también ceden a las habladurías. Incluso cabe la posibilidad de que los rumores hayan sido paridos en un escritorio no lejos de Santos, donde alguien de traje aceituna espera impaciente un nombramiento.Si las barbaridades que se dicen de los oficiales llamados a curso se comprueban, deben ir a la cárcel por corruptos o, como mínimo, tienen que ser retirados de manera fulminante del servicio. No hay ascenso que convierta a un uniformado tentado por el hampa en ejemplar servidor público. No hay galón, ni sol, ni estrella que eleve a un pillo a los estadios de la honestidad.Ultimátum I: Ojalá la lupa y la rigurosidad que exhibe el senador Iván Cepeda frente a los uniformados que persiguen a la delincuencia fuera la misma que usara cuando se trata de pronunciarse sobre el voluminoso catálogo de delitos de la guerrilla. Ultimátum II: Que las autoridades develen quién está detrás de las presiones y hostigamientos a las colegas Vicky Dávila (La FM) y Claudia Morales (La Luciérnaga), presumiblemente hechas por miembros de la Policía.

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