Y si no fuera de la DEA

Junio 29, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

El asesinato del agente de la DEA muestra las dramáticas consecuencias de delitos como el paseo millonario, los cuales son mucho más graves que los atracos en su forma común y corriente. La retención de una persona es de por sí infame al tiempo que incrementa significativamente el riesgo de que todo termine en tragedia. Cualquier reacción de la víctima por la ansiedad de estar tanto tiempo retenida o cualquier sospecha entre los atacantes ante un control policial pueden conducir a un desenlace fatal.Es probable que el asesinato se haya debido a que por ser estadounidense el agente de la DEA desconociera ciertas reglas básicas que uno debe considerar cuando es víctima de un delito de este tipo en Colombia. En el mundo desarrollado si alguien es asaltado en el mejor vecindario de la ciudad sabe que el delincuente lo piensa varias veces antes de usar la fuerza. Incluso si usa la fuerza lo hace de manera controlada. No para asesinar sino para enviar un mensaje de sometimiento a su víctima. En Colombia en los casos de paseo millonario y fleteo este mensaje no existe. Cuando se aplica la violencia su intención suele ser letal.Los montos en cuestión tampoco son comparables con los de los atracos simples. En un paseo millonario se vacían las cuentas de ahorros de los afectados y en el caso del fleteo la propia selección de las víctimas está dada por la cantidad de efectivo que acaban de retirar de un banco.A pesar de vivir en un país en conflicto si a las clase altas y medias de las grandes ciudades les preguntaran cuál es su principal problema de seguridad de seguro se sentirían más amenazados por las bandas que realizan paseos millonarios y fleteos que por la guerrilla o los paramilitares. En teoría la desarticulación de estas bandas debería ser una de las prioridades en la agenda de seguridad urbana. El trágico caso del agente de la DEA demostró además que la incapacidad de la Policía y el aparato judicial para desarticularlas no obedece a que se trate de una misión imposible.La Policía resolvió el caso en unos pocos días. Pero en vez de lanzar un mensaje alentador a la opinión pública la captura dejó un sabor amargo. En primer lugar porque un juez de garantías dictó la liberación de los sospechosos por errores de procedimiento. Pareciera que el problema no es solo identificar y capturar a los culpables sino que el sistema judicial es incapaz de materializar un castigo que disuada al resto de delincuentes. Y en segundo lugar, y esto es mucho más grave, porque quedó la impresión que el problema no es que la Policía no tenga los medios para hacer su tarea sino que solo es efectiva cuando por alguna razón tiene la voluntad de hacerla. En otras palabras, la opinión siente que se resolvió el caso solo porque se trató de un agente de la DEA. Si hubiera sido cualquiera de nosotros no hubiera pasado nada a pesar de que la Policía tiene cómo resolver estos casos tal como lo demostraron las subsiguientes capturas.Las bandas que se dedican al paseo millonario y al fleteo en una ciudad no son tantas como para que una fuerza de tarea especial no alcance a desmontarlas en el corto plazo. Tampoco se trata de un problema como los cultivos ilícitos en que existe un fuerte arraigo social del crimen. Por eso es imperdonable que delitos de estas características sean uno de los principales problemas de seguridad en las grandes ciudades.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad