¿Y la verdad?

¿Y la verdad?

Abril 11, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Hasta ahora el debate público acerca de la justicia transicional para las Farc se ha reducido a la discusión si deben pagar cárcel o no. Casi nada se ha discutido de otro aspecto que, de hecho, tiene mucho más que aportar para el futuro del país: la verdad.De eso existen precedentes en el proceso de Ralito. Se ha criticado, con mucha razón, este proceso porque gran parte de lo pactado al final no se cumplió. Los principales jefes paramilitares acabaron en prisiones de Estados Unidos, la reparación a las víctimas no se compadeció con la riqueza acumulada luego de tantos años de guerra y, muy seguramente, muchas verdades quedaron sin conocerse por la presión del gobierno de entonces y de las elites políticas.Aún así, la experiencia con los paramilitares demostró que si algo cambia la realidad en el corto plazo es el impacto que produce en el debate público el conocimiento de verdades históricas. Si bien se trataba en la mayoría de los casos de verdades conocidas por la clase política, los analistas y los enterados del asunto, el hecho que los paramilitares las admitieran públicamente obligó a que el país las enfrentara y debatiera para evitar su repetición. Como consecuencia el paramilitarismo de hoy es algo muy distinto a lo que fue. Para las Bacrines como los Urabeños es imposible reclamar algún tipo de legitimidad política, del mismo modo es imposible que la sociedad acepte que un político reciba el respaldo de estos grupos.No es entonces un interés puramente revanchista lo que debe animar a exigir a las Farc que se comprometan con la verdad como un requisito indispensable para ser merecedoras de un tratamiento benévolo por la justicia transicional. Es, ante todo, un interés por evitar que el ejercicio de la política desde la izquierda y la protesta social se combine con la violencia. Si para algo sirve el actual proceso de paz es para garantizar que en el futuro ningún partido, movimiento u organización de izquierda considere el uso de la fuerza para imponer decisiones políticas.Las verdades de las Farc son necesarias para debatir el papel de la izquierda legal en el conflicto reciente y para garantizar la no repetición. Es imprescindible que desde las propias Farc se sepa, al menos, cómo el Partido Comunista tomó la decisión de aceptar la lucha armada y el secuestro como medios legítimos en el conflicto, cómo se asesinaron a miembros del partido que estuvieron en contra de esta estrategia y cómo muchos movimientos y ONG legales todavía trabajan de manera conjunta con la guerrilla para alcanzar objetivos políticos. Un proceso de paz donde no se discutan estas verdades dejaría un manto de duda en la sociedad sobre si toda la izquierda acepta que los procedimientos y las vías democráticas son las únicas alternativas legítimas para reclamar cambios en las instituciones del estado y en el orden social.La izquierda en general, incluyendo la izquierda contraria a la lucha armada, es reacia a este tipo de exigencias. En lo personal me cuesta el reclamo de muchos amigos. Argumentan que exigir tantas verdades podría llevar a las Farc a no firmar o a alimentar la desconfianza y el odio de la sociedad durante el postconflicto. Mi impresión es totalmente la opuesta, las víctimas están dispuestas a perdonar y a dejar atrás los odios pero solo si las Farc y quienes actuaron desde la legalidad admiten el daño que causaron.

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