Venezuela

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Octubre 13, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Las elecciones pasadas en Venezuela están lejos de ser una derrota para Capriles. Por primera vez, Chávez encontró una amenaza real en la oposición a pesar de las enormes ventajas presupuestales que ofrece un petroestado a las elites gobernantes. Lograr sólo eso, es de por sí, una victoria que proyecta a Capriles como un líder de la política en Venezuela en el futuro inmediato.Pero si la derrota no estuvo en las elecciones pasadas, donde sí parece asomarse es en los acontecimientos venideros. La política en Venezuela está cerca de alcanzar un punto de no retorno en que Chávez, si no agudiza las transformaciones del sistema para instaurar un régimen autoritario sin posibilidades para la oposición, deja las puertas abiertas para que la derrota electoral sea una probabilidad real en seis años.Venezuela está lejos de ser una verdadera democracia. El pluralismo político, la capacidad de control del Gobierno, las oportunidades de participación y la igualdad de los individuos frente a las instituciones estatales se han visto severamente deterioradas. Pero como la política raras veces es en blanco y negro, tampoco puede afirmarse que ya Venezuela sea una dictadura completa. Aún existen demasiadas oportunidades para la oposición. Capriles es la prueba de ello.Chávez sabe muy bien que si no consolida su proyecto revolucionario, ahora las posibilidades en el largo plazo son nulas. Indistintamente de las transformaciones y reformas que lleve a cabo en temas sociales, la clave de la supervivencia del régimen están en garantizar en su totalidad el control del estado por sectores comprometidos con el proyecto. En otras palabras, la ‘revolución bolivariana’ depende de cerrar cualquier oportunidad a la oposición.Además, lo más probable es que Chávez no vuelva a ser candidato. El cáncer no da tanta espera. Entre su círculo inmediato no pareciera haber ninguna figura carismática que aglutine las distintas facciones gobernantes con el respaldo social para mantenerse en el poder. Sin embargo, una victoria electoral por parte de la oposición no significa que el régimen chavista vaya a ceder sin dar la pelea. Más bien significa un desenlace por la fuerza. Las elites chavistas, desde los militares hasta la burocracia, van a defender a muerte el control del Estado porque es su única fuente de poder.Para Capriles la cuestión es cómo evitar, en el corto plazo, el cierre de oportunidades democráticas que lleve a que la única oportunidad de poder sea a través de alternativas extremas. En consecuencia, su actitud si algo no debe ser, es conciliatoria. Ya la primavera árabe demostró lo difícil que es para un régimen autoritario reprimir la libertad de expresión. Los nuevos medios electrónicos hacen risible la censura basada solamente en el cierre de cadenas televisivas. Capriles tiene la oportunidad de convertirse en una verdadera fuerza de control político desde fuera del sistema. Por más revolución comunista que quieran implantar, la gente no va aguantar que se metan con el internet, los celulares y demás medios digitales.De hecho, si no logra convertirse en la fuerza de oposición que sabotee la profundización del régimen chavista y su progresiva trayectoria a un sistema verdaderamente autoritario, su derrota política está más que garantizada. Visto desde la distancia, Capriles no pareciera ser el líder de una rebelión armada que tome el poder por la fuerza.

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