Vendetta

Vendetta

Abril 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

En una entrevista a Olga Behar acerca de su libro ‘Los 12 apóstoles’ un periodista le hizo de manera desprevenida la siguiente pregunta: “Póngase usted en un segundo en el caso de esta gente, está siendo secuestrada, está siendo extorsionada. ¿No era lógico que trataran de hacer algo?” Confieso que tuve la misma sensación. La gente que asesinaron los 12 apóstoles lo merecía o al menos su eliminación significó un pequeño acto de Justicia.Me atrevo a pensar que una de las razones por la que la serie ‘Los tres Caínes’ causa tanto rechazo es que retrata esta faceta del paramilitarismo. En un principio se trataba de hacer justicia en una situación extrema sin otra alternativa disponible para los narcotraficantes. Y si la retaliación fue tan cruel fue precisamente porque la guerrilla estaba, además, rompiendo un código elemental de la mafia, el de no meterse con la familia.Era apenas natural que el resultado fuera una vendetta. Basta imaginarse a narcotraficantes acostumbrados a resolver a balazos sus problemas que un buen día se encuentran con que la guerrilla les ha secuestrado un familiar. Pagan por el rescate sin que a varios de ellos les devuelvan siquiera el cadáver. ¿Cuál iba a ser su reacción? Pues buscar a cualquiera que pudiera ser identificado como cercano a los secuestradores. Los miembros de partidos, sindicatos y grupos de izquierda que simpatizaban con la lucha armada, así como las comunidades campesinas donde la guerrilla era la autoridad, iban a ser el blanco obvio de la vendetta.La guerrilla logró financiarse para la guerra con el secuestro, pero el costo para la sociedad fue que se victimizó a la población civil a una escala desconocida. Una de las verdades que debería aflorar del proceso de paz con las Farc es precisamente el papel que tuvo un sector de la dirigencia civil del Partido Comunista y de la UP en la legitimación de la práctica del secuestro al interior de la guerrilla. Hasta ahora no hay nada de eso en la agenda.Incluso la izquierda menos radical del país ha tratado de atenuar el daño por el uso extendido del secuestro con el argumento moral de las injusticias sociales en el campo. Es decir, como existía mucha desigualdad en la distribución de la tierra las guerrillas tuvieron un respaldo en los reclamos justos de los campesinos. La explicación es insatisfactoria por dos razones.La primera es que la guerrilla se tragó los movimientos agraristas. La reforma agraria y demás reclamos puntuales de los campesinos quedaron sujetos a la ambiciosa agenda política de una revolución comunista. Los campesinos irían a tener tierras luego que las Farc o el ELN ganaran la guerra, léase nunca. Por consiguiente el secuestro se generalizó para financiar la subversión no para resolver el tema de la tierra, de hecho anuló la discusión del tema.La segunda es que los narcotraficantes no eran la causa de la injusticia. La mayoría de ellos tenían un origen social aún más pobre que el de los comandantes guerrilleros. Cuando los secuestraron lo último que iban a pensar era que estaban expiando una culpa social.Pero el peor efecto del secuestro fue que una clase criminal tuvo que construir enormes ejércitos para defenderse de la guerrilla. Y con estos ejércitos quedó el camino despejado para mayores injusticias sociales. El despojo y el desplazamiento alcanzarían niveles aún más críticos que durante la violencia de los años 50.

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