Una crisis inventada

Agosto 29, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La crisis de la frontera no tendrá una fácil solución porque para Maduro el asunto no es un problema sino, precisamente, una solución inventada para resolver otro problema. Lo que el gobierno chavista quiere con la crisis es encontrar una salida a su desesperada situación frente las próximas elecciones, en que cómo muestran todos los sondeos la oposición debería propinarles una derrota aplastante.Hasta ahora la estrategia de Maduro se ha interpretado como un uso del recurso nacionalista para retomar el apoyo a la causa chavista. Pero si se analiza su discurso se encuentra que es reiterativo en el daño que hace el contrabando por mafias y paramilitares colombianos a la provisión de bienes básicos en Venezuela. Es, además, cuidadoso de no señalar a todos los colombianos sino solo a una oligarquía imperialista y criminal.No es, por consiguiente, una apuesta nacionalista. La verdadera pretensión de Maduro es construir un culpable externo de la situación de desabastecimiento que, sobra decirlo, es la principal razón del desprestigio actual del régimen chavista. De hecho, si no existiera el problema de las tiendas y los supermercados vacíos sería relativamente sencillo para el gobierno mantenerse en el poder. La represión, un fraude limitado, el patronaje con la renta del petróleo y el cierre de los medios de la oposición serían suficientes para ganar reiterativamente las elecciones.El asunto es que cuando alguien tiene un problema y pretende solucionarlo inventándose un nuevo problema por lo general no termina bien. Al final queda con dos problemas, cada uno más grande que el problema original. Así pareciera que va a suceder con Maduro y su corte en Caracas por dos razones elementales.En primer lugar, la causa del desabastecimiento no está en el contrabando hacia Colombia de bienes subsidiados por el gobierno. Este contrabando no es nuevo y antes no era un problema apreciable. La verdadera razón de la crisis está en los precios tan bajos del petróleo y en la incapacidad del chavismo de construir una burocracia medianamente competente y honesta, de modo que los productos de consumo básico, aquellos que se traducen en respaldo de los sectores populares a la revolución, estuvieran disponibles.Cuando el petróleo andaba por los US$100 por barril era posible incluso tener satisfecho a los sectores populares que recibían bienes subsidiados por el Estado y dejar que los burócratas que los repartían robaran a destajo. Ahora con el barril a US$40 solo es posible mantener satisfechos a los sectores populares poniendo freno a estos burócratas. Más aún, si no existiera tanta corrupción dentro del mismo gobierno venezolano, los contrabandistas no tendrían una fuente de abastecimiento para surtir los mercados ilegales del otro lado de la frontera.En segundo lugar, el respaldo popular al régimen hoy es tan bajo que no pareciera que vaya a ser suficiente el invento de la crisis para revertir las tendencias electorales. La gente simplemente no cree y no va a creer que el desabastecimiento es culpa de una conspiración imperialista, oligarca y paramilitar. Por lo tanto, necesitarán hacer un fraude muy grande o, peor aún, declarar una situación excepcional para postergar indefinidamente las elecciones.Con todo que perder si salen del poder es probable que el chavismo tenga que apostar de una vez por todas por una dictadura abierta.

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