Una contra propuesta

Junio 20, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La propuesta del expresidente Uribe de un cese bilateral en que las Farc puedan mantener las armas en una zona de concentración es un gran avance. Puede que no directamente en la mesa de La Habana, pero sí en Colombia entre el gobierno y la oposición. Es un mensaje simbólico poderoso puesto que Uribe, hasta ahora el gran contradictor de Santos, ha dado una muestra de estar dispuesto a realizar concesiones para que el proceso se materialice.La concesión importante de Uribe no son las zonas de concentración. Como bien lo analizó la Silla Vacía esa ha sido su posición desde el principio sino que, además de usar un lenguaje propositivo, se muestra abierto a que sean varias las zonas de concentración, a que el tiempo que los guerrilleros permanezcan en las zonas sea parte de la pena cumplida, a que su pague su sostenimiento y, lo más importante, a que mantengan las armas.Con estas concesiones se abren espacios de negociación para destrabar muchos de los reparos que la oposición de derecha tiene en relación al proceso. Temas que causaban enorme rechazo como el hecho que los guerrilleros no vayan a pagar un día de cárcel y que se hable de dejación de las armas y no de entrega, se facilitan porque la propuesta de Uribe comienza a tender puentes hacia puntos intermedios con las concesiones que el gobierno planea hacer a las Farc.Por supuesto, la propuesta no supone que esté Uribe jugado por el proceso. Puede incluso interpretarse como inviable. Que sus tropas se concentren significa en la práctica que las Farc van aceptar desmovilizarse. Después de una concentración en esas condiciones es muy complicado volver a rearmar una guerrilla. Sus combatientes y cuadros políticos quedarían fichados por las fuerzas de seguridad, su capacidad de producir rentas se reduciría a los mínimos y su aparato logístico quedaría desarticulado en el corto plazo.Sin embargo, la concentración de las Farc es un asunto que tendrá que discutirse en el futuro inmediato. Los tiempos del proceso comienzan a entrar en la zona roja. Es impensable que pueda continuarse en la dinámica actual por más de un año sin que Santos no se vea obligado a pararse de la mesa. Incluso los Verdes, en cabeza de Claudia López y Navarro Wolf, han propuesto el 9 de abril de 2016 como fecha límite. Para ese entonces deberá hablarse de la concentración de la tropa guerrillera como parte del proceso de desmovilización, si es que definitivamente las Farc están comprometidas con el proceso de paz.Por eso, la propuesta de Uribe le abre a Santos la posibilidad de lanzar una contra-propuesta que medie entre los reparos de la oposición y las aspiraciones de las Farc. El desafío para Santos es encontrar ese punto intermedio que permita que el proceso fluya lo suficiente para superar en un horizonte de mediano plazo los temas álgidos en discusión. La contrapropuesta debe ir más allá de la zona de concentración, que en realidad es solo un pretexto útil para iniciar una concertación entre gobierno y oposición. Debe centrarse en qué concesiones puede hacerse al final a las Farc en justicia transicional y participación política para que acepten concentrarse, o lo que es lo mismo desmovilizarse.Uribe ha dado el primer paso, así sea tímido a juicio de muchos analistas, ahora le toca a Santos subir la apuesta. Es hora que asuma el liderazgo que ha carecido desde el inicio de las negociaciones.

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