Un balance anticipado

Diciembre 17, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

El balance de ocho años de gobierno de Santos ya puede empezar a hacerse a pesar de faltar todavía año y medio para terminar. El logro de la paz va a ser su principal legado al margen de las críticas que puedan hacerse y de las consecuencias que se deriven en el futuro. Ese será el motivo por el que la historia recordará a Santos.Los demás aspectos de su gobierno serán superfluos. De hecho, al igual que casi todos los mandatos, el balance en términos de otros temas como el desarrollo económico y social no pareciera ser el resultado de un proyecto político de largo plazo sino de la gestión de tecnócratas y funcionarios particulares. De ellos y de las circunstancias por las que atraviese un gobierno, algunas fortuitas como los precios del petróleo, dependen los ingresos y el bienestar de la población.Por eso, el balance del gobierno puede hacerse desde ya sobre la base de dos aspectos centrales que no deben variar mucho hasta las elecciones de 2018: las implicaciones políticas de los acuerdos de paz y los resultados en materia económica y social que se desprende la interacción entre el presidente Santos y sus tecnócratas.Sobre lo primero, la firma de un acuerdo implica una transformación dramática en la forma cómo la violencia incidirá en la vida política del país. El final de las Farc no es la paz definitiva pero sí el cese de la guerra contrainsurgente y el comienzo de una política de seguridad centrada exclusivamente en la lucha contra ejércitos privados y mafias ligados a economías criminales. Y aunque puedan disponer de cierta capacidad militar, será una amenaza que demandará menos recursos que la lucha contra una insurgencia como las Farc.Será el fin también de la legitimidad solapada con que contó la combinación de todas las formas de lucha, tanto por la izquierda como por la clase política. En adelante no habrá ninguna justificación para que en el ejercicio de la política se saque provecho de las alianzas, las armas y los recursos de guerrillas, paramilitares y mafias.Sin embargo, las formas pueden tener efectos mayores que el fondo en este aspecto. Santos desmovilizó a las Farc a costa de la polarización del país. Más grave aún, deja un país donde los resultados del plebiscito demostraron que al menos la mitad de la población muestra una gran desconfianza con las consecuencias políticas y judiciales del acuerdo, al punto que en la elección de 2018 es muy probable que se defina si en la práctica se renegocia lo acordado.Sobre lo segundo, santos puede mostrar algunos resultados positivos en educación y salud. La mejora en los resultados de las pruebas PISA y los esfuerzos del ministro Gaviria por sanear el sistema de salud no son logros despreciables. Pero también hay asuntos que preocupan demasiado. La situación económica del país es complicada y Santos no hizo nada para revertir sus causas.A principios de su gobierno Santos hubo una promesa, labrada sobre piedra, de no subir los impuestos. Por supuesto, no se cumplió. Eso es lo de menos. Lo grave es que va a entregar un país en déficit fiscal crítico, sin una nueva oferta exportadora que permita dejar de depender de los commodities y con los mismos, o peores, niveles de corrupción que los tiempos de Uribe. En definitivas, un país económicamente inviable.El nuevo presidente tendrá dos grandes desafíos. ¿Cómo unir la sociedad y cómo enderezar la economía?

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