Un acto final

Julio 18, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

A veces los sectores subordinados de la sociedad no se solidarizan con organizaciones o individuos que resuelven su situación material sino con quien quiera que humille al gobernante, sobre todo cuando éste no es legítimo. Es por esa razón que la fuga del ‘Chapo’ Guzmán ha sido celebrada por numerosos campesinos y pobres de Sinaloa y del resto de México. Sencillamente por el enorme desprecio que sienten hacia su clase dirigente.El presidente Enrique Peña Nieto ha hecho muy poco por cambiar esta imagen de los gobernantes mexicanos de corruptos, incompetentes, displicentes e indiferentes con la pobreza y la situación de miseria de muchos mexicanos. Su anecdotario al respecto es abundante. En una feria del libro en Guadalajara casi no pudo citar cuáles habían sido los tres libros que lo habían marcado. Su hija publicó en Twitter que quienes criticaban y envidiaban a su padre eran “una bola de pendejos, que forman parte de la prole [forma despectiva de referirse a los proletarios en México”. Eso sin mencionar todo el escándalo que hay a raíz de la mansión de la primera dama comprada con dineros de una empresa beneficiara de un contrato público en trenes de alta velocidad.La fuga es un acto simbólico poderoso porque recuerda a quienes son arrogantes con el poder que los gobernados obedecen pero no son tontos. Son conscientes, por el contrario, que quienes los gobiernan tienen mucho de ineptos, les faltan méritos para ser los líderes legítimos de la sociedad y que están allí no por el bien de todos sino solo para el bien de ellos. Así el ‘Chapo’ no se lo haya propuesto su acción desnudó un sentimiento generalizado que todos celebraron por hacerlo público ante los propios gobernantes.Además, el momento de la fuga no pudo ser más humillante y penoso. Peña Nieto estaba en visita oficial a Francia. Sin embargo, no por eso canceló el viaje. Las imágenes de soldados mexicanos desfilando ante los líderes franceses, con sus uniformes de la época de la revolución y sus trucos con águilas reales entrenadas para la cetrería, eran absolutamente patéticas. El presidente de México y la primera dama aplaudían con cara de tontos mientras el ‘Chapo’ Guzmán estaba libre, muerto de la risa luego de escapar de la prisión más segura del país.No importa que la fuga del ‘Chapo’ no ofrezca mayor alivio a quienes la celebran. Puede incluso que lleve a situaciones más oprobiosas para campesinos y pobres. Las fuerzas de seguridad llegarán a Sinaloa y serán implacables con cualquier sospechoso de colaborar con el Cartel. Pero el daño simbólico ya está hecho, el desprestigio del gobierno es irreparable. En adelante, ¿alguien podrá creer que el de Peña Nieto es un gobierno comprometido contra la corrupción y que este sexenio va a estar marcado por un liderazgo y una ejecución vigorosa?Si algo tienen los bandidos sociales es esta capacidad de desnudar las debilidades y las mezquindades de los gobernantes. Pero la fuga se trata en últimas de un desesperado acto final. Al igual que Escobar lo que le espera al ‘Chapo’ Guzmán es una persecución feroz. El gobierno se verá obligado a utilizar todos los recursos disponibles para responder el agravio. Pocos carteles y políticos querrán hacer alianzas con el ‘Chapo’ para evitar las retaliaciones del gobierno. Y sus enemigos aprovecharán para quitarse de encima a las autoridades y reconfigurar nuevas alianzas con el estado.

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