Tremenda C

Tremenda C

Junio 18, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

El término para describir la salida del presidente Santos en el foro económico mundial no es metida de pata, ni embarrada, es una palabra que empieza por C. Y es un término incompleto si no está antecedido por el adjetivo ‘tremenda’.Decir que si no se hace la paz con las Farc el país se verá sometido a una guerra urbana porque durante la negociación la guerrilla se ha preparado para eso, es poner en entredicho su idoneidad como presidente. Por un lado, está admitiendo que mientras negociaban las Farc se preparaban para la guerra y no hizo nada para impedirlo. Ahora, muerto de susto, pide que por favor voten a favor del referendo para remediar su improvisación.Por otro lado, el mensaje que la sociedad necesita claudicar ante la amenaza de las Farc produce un efecto desmoralizador absoluto en militares y policías. O, si se quiere, una señal que hay que aceptar los términos de las Farc porque de lo contrario el Estado no podría evitar una campaña de atentados y combates en las grandes ciudades. Ni más ni menos el Presidente, quien es el máximo comandante de las Fuerzas Armadas, no confía en la capacidad y la preparación de su fuerza.Pero el Presidente sabe muy bien que la situación tal como fue descrita no es real. Adoptó un falso lenguaje de derrota para improvisar una estrategia electoral a favor del referendo. Se le ocurrió que asustando con una violencia cercana al grueso de la población que nunca ha sufrido la guerra, la gente iba inmediatamente a cambiar sus preferencias en la consulta por la paz. El efecto fue todo lo contrario.Como suele ocurrir, Santos salió al rato a echar para atrás y a pedir que no lo malinterpretaran, que no había querido decir eso. De fondo, esta tremenda C es un reflejo de cómo el proceso con las Farc ha sido mucho mejor manejado en La Habana que en Colombia. La razón de ese desbalance no se explica solamente por el trabajo hecho por De la Calle, Jaramillo y demás negociadores del Gobierno. Es también consecuencia de la pobre habilidad de Santos para liderar amplios consensos y compromisos sociales.Santos es un presidente muy hábil para calcular y materializar arreglos políticos. Es un maestro si se trata de ofrecer componendas a puerta cerrada o entre las elites del poder. Ha proyectado su carrera hasta la Presidencia a partir de estos arreglos, incluyendo por supuesto el que hizo con Álvaro Uribe en 2010. Pero Santos es muy torpe para a través de la plaza pública, del carisma y del trabajo de comunicaciones minucioso, convencer a amplios sectores de la población de la conveniencia de una política dada. Cuando le habla a la gente del común desde un balcón o desde una sala de prensa le es imposible sintonizarse. Deja la sensación de ser alguien distante de los sentimientos y de los intereses de la gente común, como si por el solo hecho de haber nacido en el seno de la aristocracia colombiana no pudiera ser digno de confianza y que sus propuestas son sólo patrañas para fines propios.La mayor prueba de esta incapacidad es la dificultad que tiene para lograr consensos y respaldo social en una causa tan conveniente y necesaria como la paz. Por más impopulares que sean las Farc uno esperaría que el referendo fuera pan comido. Pero no, un expresidente sin mermelada y con un partido hecho en su mayor parte por aprendices de la política, es capaz de ponerlo contra las cuerdas y llevarlo a cometer tremendas C.Sigue en Twitter @gusduncan

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