Tómbola

Tómbola

Septiembre 01, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Los mismos que hace menos de una década criticaban las negociaciones con las AUC son los que hoy abogan por relajar el tratamiento a las guerrillas. Uribe ya no es el villano que iba a legalizar el despojo paramilitar sino el adalid de la guerra. Ni lo uno ni lo otro. La vida es una tómbola en que paradójicamente los aliados de ahora de Uribe tienen la clave para sacar adelante el proceso con las Farc y de paso remendar el inacabado proceso con las AUC.Con toda razón el país teme que se repita el proceso del Caguán. Pero al final fue un proceso de paz que no fue. En cambio el proceso de paz de Ralito sí fue. Y aunque todo salió bien para los sectores que querían quitarse de encima a las AUC el costo para la contraparte fue enorme. No sólo los jefes paramilitares fueron extraditados, los combatientes rasos están en un limbo jurídico y muchos parapolíticos acabaron muertos políticamente, sino que numerosos empresarios, militares, policías y sectores de la sociedad civil terminaron tras las rejas.Si esto hubiera sido el resultado de una iniciativa previa al proceso de paz sería para celebrar. Pero fue lo que quedó de un supuesto proceso. Sin duda algo salió mal para que la contraparte acabara así. Peor aún, el proceso acabó sin que se conociera mucha de la verdad de lo sucedido. A pesar de tantos escándalos, ¿cuántas verdades no nos deben los jefes paramilitares extraditados, los parapolíticos, los empresarios, las fuerzas de seguridad y la propia sociedad civil?Nada de lo anterior sería relevante si no fuera por las consecuencias que podrían tener hoy en el proceso con las Farc. Estos sectores no van aceptar que se firme una solución jurídica a las guerrillas, y de allí para arriba el resto de concesiones que se vaya a realizar, sin que al menos se solucione su situación jurídica. Una paz entre las elites de Bogotá y las elites de las Farc que deje por fuera al resto de fuerzas sociales no va a encontrar legitimidad política, sobre todo en aquellas regiones donde más se sintió la avanzada de la guerrilla. Uribe en sus críticas a las negociaciones representa a estas fuerzas. En ese sentido está en todo su derecho de cuestionar y en mi opinión incluso de sabotear las negociaciones. El Gobierno en vez de lamentarse de su actitud debería anular sus bases de apoyo. Un indulto generalizado, o al menos equivalente al que reciban los mandos y los soportes políticos y logísticos de la guerrilla, debería ser su contrapropuesta. Los que están con Uribe porque en su momento hicieron parte de la guerra pensarían dos veces en prolongar la lucha contra las guerrillas si el éxito del proceso está atado a la solución de su situación penal.La desmovilización de las Farc nos conviene a todos los colombianos. Pero este proceso sólo es viable si se incluye a la mayor cantidad de partes. Tan importante es la inclusión que la imposibilidad actual de incluir a narcotraficantes y bandidos, que ya son una clase en Colombia, tendrá hondas repercusiones en la reproducción del conflicto. Es seguro que si las Farc se desmovilizan no habrá paz. La dominación de las sociedades coqueras lo ocupara alguna Bacrim o alguna disidencia que se haya fastidiado de obedecer a los viejos comunistas. Sin embargo, un escenario sin una guerrilla que desafíe el modelo nacional de Estado y sociedad será de por sí un gran avance en términos de la pacificación del país.

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