Tocó esperar

Octubre 19, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

En términos de capital político el proceso de paz solo genera rendimientos al final, cuando para la opinión es claro que se trata de un asunto irreversible y exista la percepción que las concesiones hechas a las Farc son razonables. Mientras tanto para el gobierno las negociaciones son solo gastos, sobre todo en la imagen pública de su gestión ahora que se avecinan elecciones.Lo ideal para Santos hubiera sido que a estas alturas el tema ya estuviera definido. Estaría cobrando la inversión realizada y muy probablemente tendría la reelección asegurada. Por eso, es irónico que sea el excesivo gasto en capital político realizado en el proceso con las Farc lo que impide que las Farc firmen algo serio antes de las elecciones.Me explico. La negociación es solo la mitad del proceso. La otra mitad consiste en llevar los acuerdos a la práctica. Al ser las Farc quienes se desarman el cumplimiento de los compromisos y la neutralización de las potenciales amenazas queda en manos del Estado. Estas amenazas van desde la retaliación armada hasta la influencia sobre instituciones nacionales e internacionales para reformular las concesiones políticas y jurídicas hechas a la guerrilla.Más allá del rechazo que uno pueda sentir por las Farc tienen razones de sobra para desconfiar. Si el gobierno que ejecuta los acuerdos es distinto al que los negocia, lo que se firme en la mesa puede terminar valiendo muy poco. La experiencia los obliga a ser precavidos. Solo basta recordar como acabaron los líderes paramilitares a pesar de que el gobierno con el que negociaron fue el mismo que ejecutó los acuerdos.Ahora que el capital político de Santos se desplomó y su reelección está en riesgo, en gran parte por los diálogos de paz, las Farc no van a firmar hasta cuando sepan con seguridad quien va a ser el próximo presidente. El asunto es puramente de supervivencia. Se pierde el tiempo exigiendo que impriman velocidad a los diálogos.Tendrá entonces Santos que afrontar una campaña presidencial en medio del proceso de paz, o al menos en medio de una suspensión de los diálogos. El costo será aún mayor en su capital político y menores las probabilidades de reelegirse.De hecho el tema central de la próxima campaña presidencial será seguramente el contenido de los acuerdos de paz. Cada candidato deberá plantear su propuesta de máximas concesiones posibles a la guerrilla y de las garantías que ofrece para materializar los acuerdos. Santos sin haber revelado en su totalidad las concesiones del actual proceso será la línea de base. Desde el uribismo extremo hasta una eventual tercería ofrecerán menos de lo que ofrece el gobierno por la pura razón que las concesiones a la guerrilla son impopulares.El punto crítico no es tanto la espera hasta mediados del 2014 para concretar nuevos avances en busca de la paz, sino lo que vaya a suceder con el proceso. La espera es un limbo del que se puede esperar cualquier cosa. Si Santos gana las cosas pueden seguir igual. Pero al día de hoy las encuestas muestran a un presidente vulnerable que depende más de la ausencia de un contendor fuerte que de su propia iniciativa. Si gana cualquier otro la cuestión es si las Farc continuarán en la mesa ante los cambio en las reglas del juego que reclame el nuevo presidente.No hay nada claro en este momento. Muy seguramente tocara esperar muchos meses para saber qué pasará con el proceso de paz.

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