Tiempo

Junio 15, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

A las Farc se les atribuye una visión del tiempo como un recurso inagotable. La revolución es una causa que trasciende los límites cronológicos de quienes la llevan a cabo. En consecuencia los gobiernos pueden pasar pero la guerrilla sobrevive por la entrega de los revolucionarios al pueblo y por el respaldo natural del pueblo a los revolucionarios.Esta visión no es solo falsa en sus premisas básicas -eventualmente las guerrillas pueden ser derrotadas por un gobierno- sino que también es falsa en sus razones. Los líderes guerrilleros, al igual que los líderes de los estados comunistas, no tienen apuros porque no deben rendir cuentas periódicas a algún tipo de comunidad política distinta al aparato coercitivo o burocrático que los sostiene. Su duración como líderes no está sujeta a un tiempo predeterminado, por lo que pueden posponer indefinidamente propósitos de gobierno si no amenazan el respaldo del aparato que los sostiene al mando.No es de extrañar entonces la propuesta de las Farc de postergar elecciones. Cuando no se rinde cuentas a una comunidad política independiente y cuando la existencia de una oposición no es legítima, es posible cambiar las reglas del juego institucionales sin mayor problema. Sin embargo, en la democracia el asunto no es tan fácil. Aún si su contraparte, el gobierno Santos, quisiera acoger la propuesta no tendría los medios para sacarla adelante dadas las restricciones institucionales que la democracia impone precisamente para evitar abusos por quienes detentan los medios del Estado.Lo irónico es que ya Santos había echado un globo al aire en ese sentido cuando sugirió acabar la reelección a cambio de aumentar el periodo presidencial a seis años. En típico lance de apostador lanzó la propuesta e igual de rápido se la devolvieron. No solo la oposición más recalcitrante hizo saber su desacuerdo. Los mismos aliados de Santos le hicieron ver que era políticamente inviable cambiar las reglas del juego a pesar de disponer del poder del Estado. Así es la democracia.Más preocupante para el proceso de paz es que las Farc no quieran entender que los tiempos en la democracia están por encima de la propia negociación. No es que Santos esté utilizando el tiempo como una estrategia de negociación para obligarlas a llegar a un acuerdo. Es que si a comienzos del debate electoral no es capaz de mostrar al menos que el proceso de paz es irreversible su reelección podría estar en riesgo en las urnas. Bajo esas circunstancias todo lo adelantado hasta entonces podría irse al traste con la oposición de gobierno y habría que olvidarse de momento del logro de una paz negociada.Una de las tareas pendientes de los amigos de la negociación de paz y de quienes tienen algún tipo de interlocución con la guerrilla, bien sea por cercanía ideológica o por relaciones de confianza construida durante circunstancias pasadas, es convencerlos que los tiempos de la democracia están por fuera del proceso. No son negociables y si no los consideran con un mínimo de seriedad podrían sentenciar incluso la continuidad de su propio interlocutor. No negociar a tiempo es casi como patear la mesa de negociación.Lo anterior no quiere decir que no vaya a ser necesaria algún tipo de refrendación democrática de los acuerdos. Pero eso ya es parte de la agenda del próximo gobierno si hay acuerdo, sea el de Santos o el de la oposición.

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