Teoría bien particular

Noviembre 14, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

A raíz del aniversario de los lamentables sucesos del Palacio de Justicia, Alfredo Molano expuso una teoría bien particular. Según Molano la toma del palacio fue inducida por el Ejército que, ni más ni menos, “emboscó a la guerrilla, la dejó entrar a la ratonera para liquidarla y de paso liquidar como autoridad el gobierno de Belisario”. Molano no es el único que cree y defiende esta versión de los hechos. Varios lo acompañan.¿Es plausible la teoría de la ratonera? Tanto como lo podría ser cualquier teoría conspirativa sobre el asesinato de Kennedy por las elites de la costa Este. Y casi al nivel de quienes sostienen que Hitler huyó en un submarino a Argentina y murió de viejo.Un objetivo militar como el Palacio de Justicia no es algo a lo que se pueda inducir. Es prácticamente imposible convertirlo en una carnada para planear una emboscada. No es una operación cotidiana o un lugar donde recurrentemente las tropas guerrilleras frecuenten. Tampoco es un objetivo obvio dentro de los tantos probables. ¿Por qué no fue otra embajada, el Congreso o, si el asunto era el descontento de los militares con las concesiones de Betancur, la Casa de Nariño, así hubieran matado dos pájaros de un solo tiro? La capacidad de las fuerzas militares de inducir un objetivo así era nula. La decisión era del resorte exclusivo de la jefatura del M-19, de sus cálculos políticos y militares con los recursos disponibles.Más bien habría que preguntarse qué persigue Molano con la teoría de la ratonera. Sin duda aliviar la responsabilidad que le cabe al M-19 en los sucesos. Si la toma fue inducida entonces las muertes y la destrucción son culpa casi que exclusiva de los miembros de las Fuerzas Armadas que la indujeron y de quienes dirigieron la retoma. El propósito de esta versión es, en consecuencia, político. Palabras más palabras menos, busca cargar la responsabilidad de los hechos a la derecha y aliviar la carga de la izquierda.Lo lamentable es que en vísperas del acuerdo de paz más importante en la historia del país se pretenda construir versiones tan inverosímiles de lo ocurrido. En adelante, si se acepta esta versión, tendrán chance de imponerse verdades absolutamente disparatadas. Podrá decirse, por ejemplo, que el cilindro bomba que mató a un centenar de civiles en la iglesia de Bojayá fue una trampa puesta por el Estado o que el secuestro del avión donde iba el senador Gechem que rompió del proceso del Caguán también fue inducido porque los militares estaban descontentos con las concesiones de Pastrana.La paz con las Farc para que tenga legitimidad exige un compromiso de las fuerzas políticas por aceptar una verdad y unas responsabilidades que tengan una mínima credibilidad en la sociedad. Las versiones inverosímiles y exculpatorias de lo ocurrido contra lo que más atentan es precisamente contra la construcción de una memoria histórica que permita sanar las heridas y los agravios de tantas décadas en guerra.Qué tal que ahora algún analista de extrema derecha, por decir Fernando Londoño, saliera con la versión que los excesos y las desapariciones de la retoma del Palacio fueron inducidos por el M-19 para postrar a las fuerzas militares ante el tribunal de la historia. ¿No se sentirían ofendidos los familiares de las víctimas? ¿Estarían dispuestos a perdonar teniendo que aceptar semejante versión sobre lo que pasó con sus seres queridos?

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