Sin vergüenza social

Noviembre 07, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

En Colombia la ausencia de un fuerte control de la sociedad civil y de una moral estricta sobre los comportamientos permisibles de las fuerzas políticas se refleja en la falta de vergüenza ante hechos incontrovertibles. Y peor aún, la falta de vergüenza ha llegado a niveles tan cínicos que las fuerzas políticas se dan el lujo de la ambigüedad moral. Ante hechos en que ellas mismas están comprometidas, no tienen reparos en cuestionar la moralidad de sus contrincantes si también tienen algún tipo de responsabilidad.En el juicio por la repartición de prebendas a cambio de la reelección de Uribe, Diego Palacios presentó como parte de su defensa unas grabaciones de la Corte Suprema. De la grabación quedan claras dos cosas en que ambas partes salen bastante comprometidas. La primera es que se corrobora que no solo existió un plan de espionaje a la Corte sino que los antiguos funcionarios de Uribe no tienen vergüenza a la hora de mostrar el producto del espionaje. Lo de Palacios fue en la práctica una confesión de un hecho delictuoso para demostrar su inocencia en otro hecho, la compra del voto a los congresistas en el debate de la reelección.La segunda es que el uribismo tenía toda la razón cuando denunciaba que desde la Corte existía un plan deliberado de los magistrados para perseguir a un movimiento político utilizando sus facultades judiciales. La grabación corrobora que no era casual que la Corte se hubiera empecinado en investigar y enviar a prisión a los funcionarios de Uribe. Los magistrados hablan abiertamente de actuar como un bloque en la disputa contra el presidente.Hasta ahora nadie de la corte ni del uribismo ha salido a poner la cara para mostrar su vergüenza ante la evidencia de los hechos y pedir perdón. Al contrario, las partes insisten en que los hechos demuestran la culpabilidad de su contrincante y que su reputación permanece intacta.Pero la culpa de esa posición tan intransigente y despectiva la tiene también la propia sociedad que no ha sido capaz de demostrarle a los actores involucrados que no hay nada de que estar orgulloso y sí mucho de que estar avergonzado. Al final, incluso, la solución para salir del enredo y que los afectados queden contentos es la disculpa impersonal del estado. Algún funcionario de turno, que por lo general nada tuvo que ver con los hechos, aparece sin asomo de vergüenza a pedir perdón en un sentido abstracto.Con el caso del Palacio de Justicia esta situación es más que evidente. Hasta ahora el M-19, de lejos el principal responsable, no ha salido a dar la cara el país y demostrar que están avergonzados de semejante operación. De hecho, cuando salen al público es atizar la leña de la justicia contra los militares o, a veces unas voces más sensatas, a pedir un indulto similar al de ellos para los militares. En las apariciones no hay un gramo de vergüenza ante la sociedad.Igual sucede con los militares. Al margen de las violaciones de derechos humanos la operación de retoma debería ser una vergüenza para cualquier fuerza legítima de un país. Los tanques disparando contra el granito de la fachada del Palacio de Justicia es la demostración de la más absoluta incapacidad militar para idear un plan de rescate de los rehenes.Y como siempre el único que ha pedido un perdón ante la falta de vergüenza social es un expresidente que en el fondo fue un convidado de piedra en los hechos.

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