Sin reversa

Septiembre 19, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Lo más grave de la crisis interna de Venezuela es que, salvo un incremento espectacular de los precios del petróleo, no tiene reversa. Maduro y las distintas facciones del chavismo no tienen forma de resolver la grave situación de desabastecimiento pero tampoco pueden abandonar el gobierno y dejar que otro la resuelva.Cuando Chávez imaginó la revolución bolivariana poco reparó en construir un aparato burocrático capaz. Cuando, además, en su delirio por imitar a Cuba decidió expropiar a diestra y siniestra poco le importó que su gobierno tuviera que incurrir en enormes costos para proveer los bienes que antes surtía el sector privado. El petróleo estaba por las nubes, no había límites en el gasto. Inflar el tamaño de la burocracia a niveles desproporcionados era muy rentable políticamente porque garantizaba más adeptos a la causa chavista.Chávez tampoco se preocupó por poner límites a la corrupción de sus aliados. Los miembros del gabinete podían fácilmente llenar cuentas de varios millones de dólares en bancos extranjeros. Dicen que la propia hija de Chávez es hoy es una de las personas más ricas de Venezuela. Los militares y la guardia nacional no se quedaron atrás. El precio de su lealtad fue dejarlos traficar drogas, gasolina y contrabando en absoluta impunidad. Sencillo, si se tiene en cuenta que desde mucho antes venían haciéndolo solo que en menor grado.Ya de por sí toda esta corrupción hace problemático para cualquier grupo político abandonar el control de un Estado. Pero en el caso particular de la elite chavista que gobierna Venezuela la situación es por mucho más dramática. Es demasiado tiempo en el poder cometiendo todo tipo de excesos.No es solo que los principales funcionarios, del Presidente para abajo, vayan a ser procesados por robarse el presupuesto público, nada nuevo en Venezuela. Es que si pierden una elección presidencial el régimen chavista, es decir el embeleco de la revolución bolivariana, se acaba. Y la oposición les va a cobrar cada uno de los abusos cometidos, desde el cierre de los canales y medios de comunicación hasta el encarcelamiento de Leopoldo López y demás líderes políticos. En consecuencia, ceder el gobierno a la oposición y dejar que ellos asuman la responsabilidad de aliviar el desabastecimiento no es una salida para los chavistas. Hace ya bastante que quemaron las naves y traspasaron el punto de no retorno. Si Maduro entrega el poder en persona a la oposición, mientras a su sucesor le colocan la banda presidencial a él le ponen las esposas y de allí mismo lo llevan a prisión. El poder toca entregarlo desde lejos, desde Cuba por ejemplo.La única alternativa es un golpe desde adentro. Desde una facción de militares, igual de corruptos y autócratas, que ante el riesgo de que la crisis los arrastre decida reemplazar a Maduro e imponer un gobierno más disciplinado y austero haciendo uso de sus medios de fuerza. Nada más peligroso y riesgoso para ahondar la crisis.Nota: en la columna pasada cuestione la calidad académica de Natalia Springer. Sin embargo, un lector me demostró que efectivamente ella sí tiene un PhD en la Universidad de Viena. La información de Yamhure y otros medios al respecto resultó estar mal fundamentada. Por eso utilizó este espacio para corregir y pedir excusas por mi afirmación sobre su formación académica. Aun así, me mantengo en el resto de lo dicho en la columna.

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