Sicópatas

Diciembre 10, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

No por nombrar una cosa de otro modo va a dejar de serlo y no por actuar como si fuera otra cosa sus consecuencias van a ser distintas.Lo sucedido con la niña Yuliana Samboní no es propiamente el resultado de tendencias feminicidas de los colombianos. Mucho menos el resultado de la propaganda machista de las canciones de Maluma. La violencia contra las mujeres y el machismo en la cultura existen pero para el caso son irrelevantes.El agresor Rafael Uribe Noguera es a todas luces un sicópata. Su comportamiento alrededor de la brutal agresión contra la niña así lo demuestra. En el momento del rapto estaba sobrio, emborracharse y drogarse fue solo una coartada. Luego, cuando va a la clínica y afronta la acusación de la Justicia, da muestras de total indiferencia al sufrimiento causado. Hay, además, acusaciones de un intento previo de violación.La revisión más básica de la literatura de predadores seriales encaja con estos rasgos. Varios especialistas ya lo han hecho notar en entrevistas. Es casi seguro que si no existieran videos del vehículo utilizado en el rapto y Uribe Noguera no hubiera sido identificado como el agresor, estaría en proceso de convertirse en asesino serial. La evidencia acerca de este tipo de sicopatologías es reiterativa en mostrar que se trata de monstruos in crescendo.Identificar el caso como lo que realmente importa porque Colombia es tierra fértil en asesinos seriales. Tenemos tres, no solo Garavito, en el Top de los más prolíficos del mundo con víctimas que superan el centenar. Uno de ellos, Pedro Alonso López está libre y no se sabe su paradero. Las noticias reportan muchos otros con varias decenas de víctimas que en cualquier país decente ya hubieran desencadenado sendas cacerías humanas.Colombia ya olvidó que tres años atrás las autoridades capturaron a Luis Ramírez, un asesino en serie que se había ensañado con los mototaxistas. Asesinó al menos 30 en macabros rituales en que eran amarradas en un árbol de tal forma que solo si ejercían fuerza con sus brazos evitaban morir asfixiados. Al final por puro agotamiento se ahogaban cuando la cuerda les cortaba el aire.Al igual que Garavito, Ramírez se ensañó con hombres. Por lo que la tesis que los asesinos seriales son feminicidas no encaja. Algunos matan hombres, otros matan mujeres y otros tantos hombres y mujeres. Tampoco es cierto que la propaganda machista tenga que ver. Robert K. Ressler, el gran perfilador de asesinos seriales del FBI, señala que en Japón existen pocos casos de asesinos seriales a pesar de la popularidad de las caricaturas Manga y Hentai que son una apología del sadismo contra las mujeres. Las causas son otras, relacionadas con traumas de infancia.Ressler también señala que no hay tratamiento posible. Los sicópatas nunca van a parar, por lo que más allá del debate sobre cómo juzgarlos, lo prioritario es apartarlos de la sociedad de por vida para evitar que hagan más daño. En eso debería estar centrado el país, en cómo desarrollar una legislación que permita identificar y encerrar indefinidamente a los asesinos seriales.Por su parte, la familia de Uribe Noguera, a pesar de todo el dolor en juego, debería asumir en un acto de cordura que su hermano e hijo tendrá que estar aislado del resto del mundo para siempre. Si logran que sea excarcelado luego se enfrentarán con una situación aún más brutal que la ocurrida con Yuliana Samboni.Sigue en Twitter @gusduncan

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