Si no hay firma

Junio 27, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Ahora que las Farc desatan una escalada militar como estrategia para presionar al gobierno por un cese bilateral queda claro cuáles son sus verdaderas posibilidades de guerra si no hay firma de un acuerdo en La Habana. Las noticias no son buenas ni para el Estado ni para la sociedad, mucho menos para las Farc. Por primera vez en su historia la estrategia de la guerrilla podría centrarse en terrorismo puro y duro.En su momento, era comprensible que Uribe calificara el conflicto colombiano como una amenaza terrorista. Su estrategia de guerra incluía negar cualquier tipo de legitimidad a las guerrillas. Pero conceptualmente era difícil aceptar que las Farc pudieran ser encasilladas como las organizaciones terroristas a las que EE.UU. declaró la guerra luego del 11 de septiembre. El terrorismo se refiere a aquellas organizaciones sin ninguna posibilidad militar que atentan contra objetivos e intereses civiles para presionar decisiones políticas de parte de un gobierno. Dada su debilidad militar las organizaciones terroristas deben asegurar que sus miembros puedan refugiarse en lugares apartados, donde no puedan ser encontrados, o vivir en la clandestinidad.La guerra de Escobar en los 80s es un buen ejemplo de esta definición. Escobar ponía bombas en las ciudades y secuestraba miembros de las elites para exigir la suspensión de la extradición. Así controlara algunos barrios de Medellín sus posibilidades militares estaban reducidas a doblegar mediante el terror a la sociedad y a las elites colombianas mientras pudiera esconderse y huir.Las Farc han sido otra cosa: un ejército insurgente capaz de enfrentar al Estado a pesar de sus desventajas en hombres y armamento, de controlar pequeños municipios y áreas rurales y, lo más importante, con un plan de acumulación de fuerza dirigido a derrotar militarmente al estado para imponer su propio proyecto político desde Bogotá. Los actos terroristas que cometían, que eran muchos, estaban supeditados al plan de acumulación de fuerzas y al proyecto de toma del poder nacional.Cuando desde principios del 2000 se revierte la situación estratégica del conflicto, las opciones militares cambian dramáticamente para las Farc. Se encuentran que sus posibilidades de victoria, como la habían concebido inicialmente, son nulas. Peor aún, corren el riesgo que sus máximos dirigentes sean dados de baja por el estado. La ventaja estratégica del tiempo como recurso inagotable deja de estar disponible. Por algo se comprometieron en un proceso de paz bajo unas condiciones inaceptables para ellos décadas antes.Volver a la guerra implica entonces un cambio de estrategia de acuerdo a sus posibilidades actuales. En ellas el terrorismo sí juega un papel protagónico. Desde que rompieron el cese unilateral sus acciones más relevantes se han centrado en la destrucción de infraestructura y en el sabotaje. El mensaje al gobierno es que si no obtienen las concesiones políticas a las que aspiran van a hacer el país inviable e invivible. Hasta ahora solo han atacado oleoductos, torres eléctricas que surten a los más pobres y acueductos de pueblos remotos, pero en caso de una ruptura definitiva de los diálogos los atentados podrían escalarse hasta las élites y Bogotá.Es la única opción militar que les queda para exigir decisiones políticas a la medida de sus pretensiones. Sin embargo, esto ya es terrorismo puro y duro.

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