Series

Agosto 08, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La televisión ha cambiado radicalmente con la aparición de nuevas series que rompen los esquemas tan previsibles de las tradicionales telenovelas, comedias y seriados. Series como Breaking Bad, Boardwalk Empire, House of Cards y Juegos de Tronos ofrecen una alternativa distinta a un cambio intermitente de canales. Son tan adictivas que ya se han convertido en objetos de culto. Se venden disfraces y juegos de videos.La clave para el éxito de estas series es que toman distancia del problema intrínseco que tenía la televisión para producir obras de arte de calidad. Por ser un medio masivo con un impacto definitivo en la construcción de los valores morales de la sociedad, su contenido debía estar estrictamente ceñido a unos valores predefinidos que no cuestionaran el orden y la autoridad.La televisión ha sido, de hecho, uno de los últimos medios en expresar los cambios en la moralidad de la sociedad. En Colombia, por ejemplo, tuvieron que pasar muchos años luego de la liberalización sexual de los 60 y 70 para que se atrevieran a mostrar unos senos. La iglesia y demás sectores conservadores desataban su furia contra cualquiera que se atreviera a cuestionar sus moldes morales.Pero lo de los desnudos es solo lo más evidente. El acartonamiento moral es, aunque sutil, constante en el perfil de los personajes de las novelas y seriados. Hay unos personajes malos, a veces en el delirio de lo perverso, que no dejan duda sobre cuáles son los valores morales que la sociedad debe repudiar. De otra parte, a los buenos les sobran virtudes que se supone deben ser valoradas socialmente. Por supuesto, siempre deben ganar los buenos para que no quede duda del mensaje que hay que mandar a la sociedad.Las nuevas series, por el contrario, han roto con moldes morales tan rígidos. Los personajes son como la gente en la vida real. Hay unos más buenos o más malos que otros pero no son perfectamente virtuosos ni perfectamente perversos. Incluso los criminales pueden ser héroes, como ocurre con el aplicado profesor de química Walter White, que se convierte en fabricante de metanfetaminas cuando se entera que padece cáncer terminal.La ambigüedad moral de estas series refleja que la sociedad actual está más dispuesta a evaluar las acciones de las personas de acuerdo a las circunstancias y el contexto. El profesor White es ciertamente un personaje perverso pero causa simpatía porque se ha vengado de situaciones muy injustas durante su carrera profesional. En Boardwalk Empire Jack, el patriarca de los Kennedy justifica moralmente a los mafiosos de Nueva York porque también contrabandea licor y especula en la bolsa.Como es evidente, no hay ningún mensaje moralizador, pero no por ello la gente apenas apaga el televisor sale a cometer crímenes o se convierte en peores personas. La gente no se transforma moralmente porque no se trata de una anti-propaganda a los valores existentes sino de una obra de arte bien hecha que invita, más bien, a reflexionar sobre sentimientos y situaciones muy humanas. En el fondo es el reconocimiento que nuestra sociedad está dispuesta a ser más crítica de sí misma y de sus posturas morales frente a los más diversos temas.Por eso sorprende que en Colombia, en vez de apostar por series que superen la obligación de estar sujetas a un mensaje moralizador, se critique cualquier intento por ser más comprensivos con los valores reales de la gente.

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