Recuerdos del 8000

Agosto 17, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Las declaraciones del hijo de Gilberto Rodríguez Orejuela admitiendo lo que todo el mundo sabe, que Samper estaba al tanto de los dineros del Cartel de Cali, pasaron desapercibidas. Tanta intrascendencia se debió quizá a que no le dice nada nuevo a la opinión.Sin embargo, ciertos detalles contados por William Rodríguez puestos en su respectivo contexto tienen mucho qué decir sobre las relaciones entre narcotraficantes y políticos. Si algo se puede deducir de sus denuncias es que a pesar de ser conscientes que Samper los traicionaba no había opción distinta a apoyarlo. Si Samper caía sus opciones eran aún peores. Quien lo reemplazara iba a estar tentado a extraditar a los Rodríguez Orejuela. De hecho, las versiones más serias sobre las razones del asesinato de Álvaro Gómez apuntan a narcos temerosos de un golpe de Estado y de la extradición subsiguiente.La debilidad del Cartel de Cali para exigir a Samper el cumplimiento de los acuerdos se debía a que solo contaban con la denuncia pública como forma de retaliación. El poder del Cartel de Cali estuvo basado en los sobornos generalizados a la clase política de todas las regiones del país, incluyendo por supuesto Bogotá. Si algún político incumplía o no era lo suficientemente agradecido no lo iban a asesinar como hizo Escobar con muchos políticos ingratos, simplemente le aparecía un cheque del Cartel.Usualmente esta forma de retaliación funcionaba con políticos de mediano poder pero no con los grandes dirigentes nacionales. EE. UU. sabía muy bien de las colaboraciones a las campañas de Betancur, López y Turbay pero prefirió guardar silencio para evitar mayor inestabilidad en Colombia. Algo muy raro debió pasar entonces para que su embajada decidiera entonces hacer una excepción con Samper y apostara por destruir las bases de su gobernabilidad. La consecuencia inmediata fue que en ese momento los narcotraficantes sí tenían los medios para tumbar al presidente. Lo que no tenían, como dije previamente, eran los motivos pues tenían más que perder si Samper caía.En la parapolítica sucedió todo lo contrario. EE. UU. era consciente que lo peor para Colombia en ese momento era debilitar un gobierno que estaba recuperando la estabilidad perdida entre otras razones por la crisis del 8000. Nadie discute que gran parte del crecimiento de la guerrilla y de los paramilitares son consecuencia del debilitamiento estatal durante esos años. Por eso cuando los paramilitares fueron extraditados y contaron todo acerca de los políticos uribistas, la reacción en Estados Unidos fue tender un manto de silencio. No había que repetir la historia de Samper.Paradójicamente los paramilitares tenían los motivos para tumbar a un presidente. Ni más ni menos que los había traicionado de la peor manera posible. Lo que no tenían, a diferencia de los Rodríguez Orejuela, eran los medios. Sus denuncias sobre la coalición política de Uribe cayeron en saco roto porque no había un ambiente favorable en EE. UU.Queda entonces la gran pregunta: ¿Por qué EE. UU. decidió adelantar una campaña implacable contra Samper cuando antes había optado por soluciones pragmáticas que evitaron mayores inestabilidades? ¿Fue todo el resultado de la pataleta de Pastrana y las convicciones moralistas de Frechette? ¿Qué piezas hacen falta para comprender un pedazo tan importante de nuestra historia?

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad