¿Quién vigila a las iglesias?

Enero 25, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

En una sociedad las religiones no son importantes porque garanticen la vida en el más allá sino porque sientan las bases morales que rigen los valores y los comportamientos de la población. Esta función significa para las iglesias, es decir la organización que difunde las creencias de una religión, un enorme poder. Su influencia sobre los creyentes se puede convertir en recursos económicos y en decisiones políticas.Es así que el abuso de los dirigentes de una iglesia no proviene tanto de la sinceridad de su fe como de lo que hagan con el poder que detentan. En consecuencia, si se quiere que las iglesias rindan cuentas por sus actuaciones lo primero es definir unos parámetros de lo que pueden y no pueden hacer en dos aspectos. Por un lado está lo concerniente a la moralidad, esto es, en cómo los valores y los comportamientos que alientan son coherentes con los principios de la sociedad. Y por otro lado están los límites al beneficio privado que pueden obtener por su función.En la práctica resulta complicado definir unos parámetros sobre los cuales la justicia y la sociedad civil puedan actuar. Las religiones son fábricas de moralidad y por consiguiente pueden reclamar que sus principios, lo que incluye la legitimidad del beneficio personal por impartir la fe, son coherentes con una doctrina que sus seguidores son libres de creer o no.El caso de María Luisa Piraquive dice mucho sobre las dificultades que hay para cuestionar a las iglesias y a sus líderes si se compara con casos similares donde la sanción social es inexistente. Cuando Piraquive sostuvo que los discapacitados no podían subir al púlpito ella y su iglesia fueron presa de la indignación social por un acto aberrante de discriminación.Pero una simple comparación con la Iglesia Católica, por ejemplo, muestra como la discriminación laboral no recibe el mismo cuestionamiento social. Hasta donde tengo entendido la Iglesia Católica siempre ha negado el derecho a las mujeres de oficiar misa, lo que es claramente una forma de discriminación laboral a la mitad de la población.Más aún, así como Piraquive ha utilizado la iglesia para su beneficio personal, en este caso enriquecerse como demuestran sus mansiones en Miami, es fácil demostrar que miembros de la Iglesia Católica han utilizado la organización para fines propios. La comparación más sórdida es la de la pederastia. El sacerdocio se convirtió en la profesión ideal para ser pedófilo porque la iglesia como institución ofrece protección para no acabar en prisión. ¿Qué más beneficio personal que ese?Lo que uno se pregunta entonces es por qué la sociedad civil es tan exitosa en denunciar a Piraquive pero es tan laxa con la Iglesia Católica. Mi pálpito es que la vigilancia a las iglesias depende menos de quienes están por dentro y más de quienes están por fuera de la religión y sienten que las actuaciones morales de la iglesia son una amenaza a los principios generales de la sociedad.Paradójicamente quienes son los más vulnerables a los abusos de las iglesias, los creyentes, terminan siendo sus principales protectores y encubridores. De otro modo cómo se explica que a tantas mujeres católicas les indigne el tratamiento dado a los discapacitados y en ningún momento reparen en que su propia iglesia las discrimina si no es porque sienten que no hay nada moralmente reprochable en esa forma de discriminación.

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