Pierna arriba

Mayo 19, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Quedan pocas dudas que las Farc estuvieron tras la bomba a Londoño. La hipótesis de una conspiración de extrema derecha para sabotear la legislatura de paz sonaba inverosímil desde un principio. La cuestión ahora es qué va a pasar con la apuesta del Gobierno de llegar a algún acuerdo con la guerrilla.El primer round parece haberlo sorteado Santos con la aprobación en la Cámara del Marco para la Paz. Sin embargo, el atentado es sólo la punta del iceberg de lo que se avecina. Y pese a las buenas intenciones, a la prudencia y a la superioridad militar del Gobierno lo más probable es que las exigencias y las actuaciones de las Farc hagan inviable las negociaciones. El costo político apenas comienza y más temprano que tarde se volverá insostenible.Dentro de la lógica de las Farc la bomba a Londoño -y las próximas bombas- son acciones de guerras coherentes con su estrategia política. La lectura de los acontecimientos es muy distinta desde las montañas y las selvas. Las Farc saben muy bien que si quieren mejorar sus condiciones de negociación deben mostrarse en una posición fuerte. No es mostrándose débiles ni renunciando a demostrar su capacidad de destrucción que van obtener concesiones distintas a una amnistía.Las Farc aspiran a mucho más. Después de casi medio siglo de lucha revolucionaria una serie reformas sociales y la posibilidad de participar activamente en la política nacional son los mínimos comunes para firmar un acuerdo. A eso hay sumarle otro ‘sapo’ duro de tragar: el desmonte del aparato de guerra. Las Farc son reacias a deponer las armas porque desconfían profundamente del establecimiento. La masacre de la UP y la extradición de los paramilitares son precedentes que pesan. Buscarán fórmulas de negociación en que su ejército se concentre en una zona o se adjunte a las Fuerzas Militares mientras la paz se consolida. Peor aún, después de una década de reveses, el terrorismo contra las elites y las autoridades colombianas puede convertirse en una alternativa muy efectiva. Las Farc son sordas ante las exigencias de la Justicia internacional y poco les vale el repudio de países amigos del Gobierno. No se puede olvidar que son una organización construida sobre la lógica hiperrealista del comunismo estalinista. La acumulación relativa de fuerzas y las posibilidades de retaliación son los factores que dictan sus acciones militares. Si lo que vivió Londoño el pasado martes lo vive cotidianamente la población que habita las zonas donde la guerrilla tiene presencia activa no existe ningún motivo para contenerse de retaliaciones similares en las zonas de control de la contraparte.Todo esto es lo que se le viene encima al gobierno de Santos en su apuesta por la paz. Su gran desafío será cómo vender una paz, que sin duda es beneficiosa para la sociedad, con las concesiones tan impopulares que va a demandar la guerrilla en medio de un escalamiento y deterioro progresivo de sus acciones de guerra. Y hay muy poco que hacer al respecto, en el sprint final las Farc tendrán que mostrar sus dientes hasta el último aliento. Soy pesimista pero ojalá Santos pueda sortear lo que se le avecina pierna arriba.

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